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Editorial

Los desafíos y retos de una catástrofe sin precedentes

Enfrentamos una devastadora crisis, una catástrofe sin precedentes, con dramáticas implicaciones humanas, sanitarias, económicas, financieras y empresariales. La pandemia del coronavirus tiene lugar en un contexto de incertidumbre y pánico, de globalización y confusión y de desconcierto en términos del diseño respuestas apropiadas de políticas públicas eficaces y de la identificación del tipo de arsenal de instrumentos y herramientas de políticas fiscales, monetarias, cambiarias, crediticias y laborales, para preservar y mantener el nivel de empleo y la producción.


El escenario que se anticipa es contagio exponencial de la pandemia, centenas de miles de fallecidos - fácilmente 3 o 4 veces los que sufrimos durante el terremoto de 1976 - de severas contracciones económicas, cierres y quiebras de empresas, colapso de la producción, despidos, desempleo, aumento de la informalidad y el auto empleo en los mercados laborales, inflación de productos esenciales, deslizamientos cambiarios, hambre, parálisis y asfixia financiera a nivel del Estado, de las empresas, los hogares y las personas. Inevitablemente la pobreza, la extrema pobreza, la conflictividad social y la delincuencia común, organizada y transnacional aumentaran.

Mientras la contracción económica, medida a través del PIB, en los Estados Unidos de América puede alcanzar el 7 por ciento, en Guatemala podría contraerse en dos dígitos.

Las exportaciones, las importaciones (excepto la factura petrolera, que debido al colapso del petróleo a niveles de precios, en términos reales, semejantes a los del primer shock petrolero en 1972), la carga tributaria, el consumo se reducirán dramáticamente.

No existen recetas conocidas ni probadas. Sin embargo, es obvio que se necesita de estímulos fiscales masivos, políticas monetarias cambiarias y crediticias agresivas, fortalecer y apuntalar la provisión de servicios de salud y robustecer nuestras frágiles redes de protección social, procurar la protección de los ingresos de empresas, hogares y personas, las nóminas de las empresas y el nivel de empleo, en el que el Seguro Social y la banca central deberán jugar una papel estratégico.

Se debe invertir en garantizar el test a escala nacional del coronavirus y el cuidado médico de quienes padecen la pandemia, sintomática o asintomáticamente. Se deben realizar con eficacia e impacto transferencias directas, con transparencia, y sin clientelismo ni corrupción, evitando la perniciosa “intermediación burocrática”.

El Banco Central debe garantizar los recursos masivos para preservar y mantener la liquidez para garantizar el funcionamiento del aparato productivo en su conjunto; evitando su parálisis y asfixia. Deben implantarse mecanismos para restructurar deudas a plazos y tasas más blandas, proveer de créditos con tasas muy preferenciales por períodos definidos para cubrir las nóminas, deben implantarse moratorias fiscales, eliminar impuestos inconstitucionales y devolver con urgencia los créditos fiscales que pertenecen al capital de trabajo de las empresas exportadoras y que la Sat arbitrariamente mantiene atrapados en sus cajas y cuentas. Se debe evitar la interrupción de la cadena de pagos entre los diferentes eslabones de la cadena productiva. En fin, es innumerable el arsenal que debe ser utilizado con inteligencia y eficacia para abordar esta catástrofe sin precedentes, que por cierto ha puesto en evidencia la fragilidad derivada de la globalización e interconectividad de nuestras naciones.

En esta separata económica hemos invitado a cuatro expertos profesionales en el campo de la economía, con el propósito de que con su conocimiento académico y experiencia de campo, nos alumbren y enriquezcan nuestros criterios, para que todos estemos en posición de contribuir a contener y revertir las severa crisis humana, sanitaria, económica y financiera, sin precedentes conocidos que estamos abordando. Como en las semanas recientes y en las que vienen adelante, también presentando los puntos de vista y el conocimiento de experimentados epidemiólogos que nos son atingentes e indispensables.



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El Mundo al quirófano

Por Miguel Gutiérrez, FEDES
China y EE. UU. han anunciado que cuentan con la vacuna para el COVID-19, así como algunas especulaciones de un eventual tratamiento de la enfermedad con una vieja amiga de la humanidad, la quinina, de la cual Guatemala fue un gran productor hace un siglo.

Sin embargo, los mercados tienen la más violenta caída de la historia. Una caída que 35 por ciento en un mes en EE. UU. y 50 por ciento en Europa, lo que probablemente se extienda ante las esperadas quiebras corporativas de varias industrias, como la aérea, turística y algunas industrias vinculadas al consumo masivo. Todo esto definido por dos factores.

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1. Caída del precio del petróleo

En esta ocasión es la primera vez en muchas décadas, donde los movimientos corporativos que conducen a una crisis no son americanos. Hace algunos meses Aramco hizo una emisión de acciones, ¿Qué es esto? Los árabes permitieron que cualquier persona comprara acciones de sus empresas. Esto les permitió retirar el capital propio e invertirlo en energía solar y de hidrógeno; ante el inminente cambio de la matriz de generación de energía mundial. Después decidieron bajar abruptamente el precio ya que ellos tienen el costo de extracción más bajo de la industria, US$6 por barril aproximadamente. El precio hoy ronda los US$25, dejando fuera a EE. UU., Latinoamérica, y Europa, con costos de extracción del crudo por encima de los US$30. Esto coloca en apuros a la ya débil banca europea que financió los proyectos de extracción en el viejo continente. continente.

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2. EstrangulaciÓn de las economías ante el COVID-19

La paralización de la actividad económica a nivel mundial, tiene profundos e inusitados resultados. Los efectos se proyectan para los años 2021 y 2022; ello debido a las restricciones migratorias, no vistas desde la Segunda Guerra Mundial y, cuyo epicentro ahora es Europa. Generando una serie de medidas en EE. UU. que ha seguido América Latina y Guatemala, con sus subsecuentes efectos económicos. La Reserva Federal tiene cálculos de que sin las intervenciones monetarias y fiscales el desempleo podría llegar a ser del 30 por ciento para el segundo y tercer trimestre en EE. UU. La inyección monetaria de las últimas semanas podrían reducir esas proyecciones a un 11 por ciento.

Los bancos centrales de los países más grandes han actuado rápidamente, entre ellos la Reserva Federal y el Banco Central Europeo. La inyección de liquidez a nivel mundial supera en trillones a la que se dio en 2008, tanto en montos como en velocidad de inyección; y no es para menos. Las personas en sus hogares, ya con víveres y papel higiénico suficiente, han disminuido la velocidad de consumo y de la circulación de dinero. Los bancos centrales han liderado una campaña de inyectar dinero a las economías con el fin de facilitar la circulación del dinero y evitar, lo más posible, la paralización de los flujos de transacciones, que ya están conduciendo a varias industrias a la quiebra.

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El paquete económico de Trump, combinado con el de la Reserva Federal es de aproximadamente 32 por ciento. Paul Krugman, crítico acérrimo de Trump, le ha dado la razón, ya que la economía real de EE. UU. está cayendo a un ritmo de 22 por ciento. Se está viviendo una nueva “guerra monetaria” donde los países buscan proteger su economía a través de tipos de cambios favorables y liquidez. México ya tiene un tipo de cambio de 24 pesos por dólar, facilitando el ingreso de sus productos por la vía legal y del contrabando a territorio nacional, afectando de forma directa a la industria y el agro guatemalteco. Los planes de inyección de liquidez van del cinco al 10 por ciento del PIB, así como los planes de gastos de los gobiernos.

La recesión mundial es inminente y América Latina ya está debilitada por la caída de los productos de exportación como los commodities.

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El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, escucha mientras el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, Dr. Anthony Fauci, habla durante una conferencia de prensa del Grupo de Trabajo Coronavirus en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, Washington, DC. Foto: AFP

Mientras los países de todo el mundo están tomando medidas monetarias y fiscales acorde a la situación con paquetes económicos que rondan del 10 al 20 por ciento, el novato gobierno de Guatemala procede a presentar como plan económico, un refrito de una ampliación presupuestaria presentada hace algunos meses, de Q 7.6 millardos, donde poco menos de la mitad es para cumplimientos de pactos colectivos de MSPAS y Mineduc, así como aumento salarial de Mingob. Por otro lado, la inclusión de acceso a crédito de las Personas Políticamente Expuestas –PEPs- no da buena espina, y sobre todo que se le entregue todos los recursos a un banco que carece de la infraestructura y una organización experimentada para canalizar con eficacia y celeridad los recursos masivos que se pretenden inyectar a la economía para mantener a flote las empresas.

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El Presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei anunció el sábado la aplicación de un toque de queda parcial contra la propagación del nuevo coronavirus, que dejó 17 infectados en la nación centroamericana, incluida una persona fallecida. Foto: AFP

El Ministro de Economía y sus viceministros, de forma casi infantil, celebran haber bajado la tasa de interés, cuando deberían de estar aprobando fondos extraordinarios en Junta Monetaria para soportar a la banca, no menor a Q. 20 millones, como paso inicial.

No se cuenta con una comprensiva reactivación económica de corto plazo, con músculo monetario y fiscal, evidenciando falta de interés o un gabinete económico que no esta a la altura de las circunstancias. Urgente es tomar una medida como la de Bukele, de otorgar esta semana no menos de Q2 mil por persona, a través del registro de contadores de servicio de energía, para llegar al informal. Estoy en total acuerdo, con lo que proponen los dos exministros de Finanzas, Julio Héctor Estrada y Juan Alberto Fuentes, de financiar al gobierno con fondos provenientes del Banguat, para contar con una política fiscal y monetaria a la altura de las circunstancias. El paquete inicial debería de ser, no menor a los Q50 millardos.

Adicionalmente, una inyección de liquidez a través de la compra de dólares u Operaciones de Mercado Abierto, no menor a los Q20 mil.

Sin embargo, lo que tenemos, es la tímida medida de Junta Monetaria de bajar la tasa de interés en 0.75 puntos, sin efectos importantes. El propio Banguat ha emitido documentos académicos, demostrando que la tasa de interés líder no afecta la tasa de interés de mercado, dado el primitivo sistema monetario del país, que no cuenta con mercado de dinero y por lo tanto de mecanismos de transmisión de la política monetaria. Lo que se necesita, es que los medios de pago crezcan para facilitar las transacciones de mercancías. Lo único que logran es castigar a los bancos en un momento crucial, donde necesitan el apoyo de la autoridad monetaria. Según parece, la SIB ya se dio cuenta de esto, mientras la Junta Monetaria aún se encuentra viéndose el ombligo y preguntándose si los ángeles también lo tienen.

El Presidente es un médico cirujano, que quiza no comprenda estas cifras, y talvez la Historia lo exima de esta debacle devastadora por no entenderla, y posiblemente no entienda estas cifras, pero no a los economistas que lo acompañan, que pasarán a la Historia como los que dejaron hundirse al país con las manos en la bolsa y con los hombros levantados. Urge que el gobierno presente un plan económico responsable, preocupado por la población y la economía, alejándose de las tradicionales propuestas que faciliten favores a financistas y aliados políticos, como el refrito de ampliación presupuestaria presentado; si de verdad se pretende afrontar una crisis que puede provocar una barrena económica sin precedentes, una caída del producto de dos dígitos.


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Reajuste en las perspectivas económicas para 2020

Diego Fernando Agudelo López Responsable de Inversiones In On Capital [email protected]
La desaceleración económica mundial que acumulaba cerca de dos años, parecía encontrar su fin en 2019 tras el acuerdo comercial preliminar entre Estados Unidos y China, el cual fue oficialmente firmado a principios de 2020. Sin tantos nubarrones en el entorno, el 2020 era prometedor. Sin embargo, de repente todo cambió. Un evento inesperado hizo reevaluar las expectativas.

El virus conocido como COVID-19 llegó inesperadamente y su ritmo de propagación ha empujado contra las cuerdas a la economía global, la cual no se encontraba en su mejor forma para enfrentar una pandemia que ha contagiado en tres meses más de 430 mil personas y cerca de 20 mil han fallecido.

En vista de la rápida propagación del virus, los gobiernos y autoridades monetarias han tomado medidas sin precedentes, en algunos casos hasta dolorosas en términos económicos, como por ejemplo las cuarentenas o restricciones a la movilidad. De hecho, este punto ha sido el de mayor relevancia porque ocasiona un freno repentino de la economía real y está desencadenando la primera recesión global tras más de 10 años de crecimiento ininterrumpido.

Lo más llamativo de este caso, es que la mayoría de recesiones son causadas por eventos endógenos, esto quiere decir por eventos que se generan internamente en las economías. La Gran Crisis Financiera de 2007-2008 se originó por desbalances en el sector inmobiliario. La crisis punto com en 2000-2001 se causó por el aumento desmesurado en las valoraciones de las empresas del sector tecnológico que finalmente cayeron por extremas expectativas que difícilmente se cumplirían. En algunas otras ocasiones se crean por un ajuste monetario muy fuerte como el aumento de tasas por parte de la autoridad monetaria. Actualmente, la recesión está siendo causada por un evento exógeno, la pandemia global que tiene en cuarentena cerca de 1/3 de la población mundial y gran parte de la economía real se encuentra frenada.

Evaluar exactamente cuál será el impacto es una tarea compleja, más aún cuando en algunos países no se tiene certeza de cuánto tiempo durarán las cuarentenas o el cierre de fronteras. Por ejemplo, en Panamá se ha decretado la cuarentena total de forma indefinida.

Con estas medidas impuestas los pocos datos que se conocen no son muy alentadores. En China, el confinamiento duró aproximadamente 2 meses. En febrero, la producción industrial cayó -13 porciento, la primera contracción anual desde que se tiene historia (1990). Por otra parte, las encuestas empresariales conocidas como PMI con datos preliminares a marzo, muestran un fuerte deterioro en las condiciones actuales y expectativas económicas de las grandes empresas, principalmente del sector de servicios tanto en EE. UU. y Europa, los datos publicados fueron 39.1 y 28, respectivamente, lecturas lejos del nivel de 50 puntos el cual separa la expansión de la contracción.

En este orden de ideas, las estimaciones de crecimiento económico se han revisado a la baja, donde la caída más fuerte se sentirá en el primer y segundo trimestre del año. La publicación más reciente ha sido por parte del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), el cual es la asociación global de instituciones financieras cuyos miembros son la mayoría de los bancos más grandes del mundo, compañías de seguros, y empresas de gestión de inversiones.

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El IIF estima que el mundo se enfrentará a una contracción de -1.5 por ciento para todo el 2020, cercana a la caída de -2.1 por ciento vivida en 2009. Sin embargo, esta estimación está sujeta a cambios principalmente por dos factores, aún no hay certeza de cuánto tiempo durarán los bloqueos ni tampoco si la actividad económica tendrá una recuperación tan rápida como ha sido la caída.

Si se mira por regiones, la Eurozona será la más castigada, la contracción sería de -4.7 por ciento para todo 2020, tan profunda como la vivida en 2009. Esto se debe en gran medida a que el crecimiento venía siendo bastante pobre para esta región, creció alrededor de 1.1 por ciento en 2019. Su dependencia al comercio internacional fue un gran viento en contra pues el comercio se deterioró en gran medida por la guerra comercial entre EE. UU. y China.

Respecto a Estados Unidos, la caída en términos reales del Producto Interno Bruto para este año sería de -2.8 por ciento de acuerdo con IIF, dónde la caída más profunda sería en el segundo trimestre del año.

Para EE.UU, se encuentran estimaciones aún más negativas. La más pesimista es la del banco Morgan Stanley, pues espera una caída del -30% anualizado para el segundo trimestre de 2020 con un fuerte rebote para la segunda mitad del año, pero finalizando 2020 con una contracción de -3%.

Para las economías emergentes la situación no sería diferente. Más aún porque adicional al brote del COVID-19, sufrirán fuertemente dos problemas adicionales. El primero es una fuerte caída en el precio de las materias primas, en especial del petróleo el cual en lo corrido del año ha caído abruptamente, 60 por ciento debido una demanda menor demanda a nivel global y la guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia. El segundo es bajos niveles de inversión y la masiva salida de flujos de las regiones emergentes, llevando a la depreciación de sus monedas y causando aún más desbalances como puede ser mayor inflación, dificultad en el pago de sus obligaciones u obtención de financiamiento para la región.

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En este orden de ideas, Latinoamérica seguiría teniendo un crecimiento mucho menor frente a sus pares emergentes, debido en gran parte a la dependencia de las materias primas (aunque cada vez es menor) y una menor productividad. La recesión para la región sería fuerte con una contracción estimada en -2.7 por ciento, donde las cuatro mayores economías de la región por PIB, Brasil, México, Argentina y Colombia caerían -1.8 por ciento, -2.8 por ciento, -3.1 por ciento y -0.5 por ciento, respectivamente.

Para la segunda mayor economía del mundo, China y líder de los mercados emergentes su desaceleración sería más pronunciada en 2020. A pesar de que ya se muestran signos de control de la pandemia y pronto desbloqueo, el IIF estima un crecimiento de 2.8 por ciento para todo el año. Con este panorama, se espera que los estímulos fiscales y monetarios alrededor del mundo que ya superan el tamaño de los vistos durante la gran crisis financiera de 2007-2008, (en especial en EE. UU., donde solo el estímulo fiscal representa el 10 por ciento del PIB) otorguen herramientas suficientes para enfrentar una caída tan rápida y profunda de la economía. Aunque es probable que la recuperación no sea uniforme a nivel global, pues la capacidad de reacción no es la misma en todas las regiones, no obstante, estas medidas sin duda generan alivio.

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Es urgente un plan de emergencia para atender a las personas

Erick Coyoy / FEDES
A nivel mundial ha sido imposible controlar el avance de la pandemia del coronavirus, con excepción de China que ha tomado medidas drásticas para reducir notablemente la tasa de contagios. Por el contrario, naciones desarrolladas como Italia y España enfrentan serias crisis en sus sistemas de salud por el acelerado ritmo de fallecidos. Incluso Estados Unidos de América ha tenido que declarar emergencia en varios de sus estados para tratar de contener los contagios masivos, debido a que al 21 de marzo ya superaba los 15 mil infectados y 200 fallecidos.

La Organización Mundial de la Salud y la Cámara de Comercio Internacional hicieron una declaración el 16 de marzo en la cual indican que la pandemia de COVID-19 es una emergencia sanitaria y social mundial que requiere una acción efectiva e inmediata de los gobiernos, las personas y las empresas. Todas las empresas tienen un papel esencial que desempeñar minimizando la probabilidad de transmisión y el impacto en la sociedad. La adopción de medidas tempranas, audaces y eficaces reducirá los riesgos de corto plazo para los empleados y los costos de largo plazo para las empresas y la economía.

Es de tal magnitud la crisis que se enfrenta que el propio Fondo Monetario Internacional se ha salido de sus esquemas tradicionales y el 19 de marzo, presentó una serie de recomendaciones para los países de América Latina en materia de política económica, y por lo cual recomienda que la prioridad número uno es garantizar que se puedan afrontar los gastos sanitarios inmediatos a fin de proteger la salud de la población, cuidar a los enfermos y frenar la propagación del virus. En los países donde los sistemas de atención de la salud adolecen de limitaciones, es preciso que la comunidad internacional intervenga para ayudar a evitar una crisis humanitaria.

Agrega dicho organismo que será crucial que se adopten medidas focalizadas en el plano fiscal , monetario y los mercados financieros a fin de mitigar el impacto económico del virus. Los gobiernos deben recurrir a transferencias monetarias, subsidios salariales y medidas de alivio tributario para ayudar a los hogares y empresas afectados a hacer frente a esta interrupción repentina y temporaria de la producción.

Un ejemplo de la falta de orientación hacia las personas de este plan es lo relativo a protección social, en cuyo caso se indica que “En cuanto al empleo informal, los trabajadores de este sector podrían ser favorecidos mediante dotaciones de alimentos provenientes de programas sociales, de fundaciones, instituciones religiosas, ONG y de la cooperación internacional”. Claramente se les deja a la deriva y a merced de la caridad. Esto en un país donde las estadísticas oficiales revelan que el 70 por ciento de la población ocupada trabaja en el sector informal. Pero se buscan Q850 millones extras para los Consejos Departamentales de Desarrollo, que tienen un amplio historial con evidencia contundente de que no son más que espacios para la malversación de recursos y la corrupción para beneficio de diputados distritales, gobernadores y alcaldes que no escatiman esfuerzos para negociar a su mejor conveniencia las adjudicaciones de obras, que en muchos casos no llegan a concluirse y atender necesidades de la población.

Un ejemplo de la falta de orientación hacia las personas de este plan es lo relativo a protección social, en cuyo caso se indica que “En cuanto al empleo informal, los trabajadores de este sector podrían ser favorecidos mediante dotaciones de alimentos provenientes de programas sociales, de fundaciones, instituciones religiosas, ONG y de la cooperación internacional”. Claramente se les deja a la deriva y a merced de la caridad. Esto en un país donde las estadísticas oficiales revelan que el 70% de la población ocupada trabaja en el sector informal. Pero se buscan Q850 millones extras para los Consejos Departamentales de Desarrollo, que tienen un amplio historial con evidencia contundente de que no son más que espacios para la malversación de recursos y la corrupción para beneficio de diputados distritales, gobernadores y alcaldes que no escatiman esfuerzos para negociar a su mejor conveniencia las adjudicaciones de obras, que en muchos casos no llegan a concluirse y atender necesidades de la población.



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Plan de activación: Un placebo para otros males

Por Maynor Cabrera, FEDES

El plan de reactivación anunciado esta semana por el gobierno parece ser resultado de un diagnóstico errado sobre el problema de salud inédito y de proporciones no vistas anteriormente con respuestas resultado de la inercia y sin claridad del impacto económico de esta crisis. O para los malpensados, en aprovechar la situación para aprobar medidas que no tienen nada que ver con esta crisis. Para empezar, la falla central del diagnóstico del gobierno sobre esta crisis es que pareciera desconocer que se trata de un problema de salud pública sin precedentes, el cual aún está lejos de ser superado.

Suponer que la pandemia del COVID-19 ya se resolvió y que el sector salud no va a requerir ningún tipo de apoyo de recursos financieros. Las medidas de contención de la pandemia que incluyen el aislamiento social y el cierre de gran parte del sector servicios tienen un costo económico que, ante mayores medidas de prevención, será mayor. Sin embargo, ante la incertidumbre sobre cuántos son los casos y la incapacidad para hacer pruebas de detección masivas, mayor contención y aislamiento es lo acertado, pero que seguramente tendrá un costo económico.



De hecho, la idea de aplanar la curva de infectados obedece a evitar que se rebasen las capacidades de atención del sistema de salud, con lo cual en Guatemala requerirá un esfuerzo mayúsculo, porque sus capacidades han sido desatendidas, ya que el 69 por ciento del gasto en salud es cubierto en el país a través de gastos de bolsillo, en lo cual solo estamos mejor que Haití y Venezuela. La urgencia requiere dotación de recursos para atender la crisis y para aumentar las capacidades del sistema público de salud, lo cual tendría un efecto económico positivo sin descuidar la situación actual.

El plan de reactivación parece estar dominado por la inercia, por hacer las cosas igual que siempre y creer que se va a resolver un problema totalmente nuevo. Un ejemplo claro de la inercia es que, si bien el gobierno ha sido lento en proveer equipos médicos al personal de salud, en su inercia ha sido muy veloz en aprobar un seguro escolar de salud para alumnos que no están asistiendo a clases y cuya cobertura es sumamente limitada. Otro aspecto que domina la inercia en algunas propuestas sectoriales y de algunos analistas es correr a solicitar exoneraciones fiscales o solicitar la aprobación de leyes que benefician a un sector exclusivamente, o incluso algunas medidas para desfinanciar más al fisco y al Seguro Social.

Es importante considerar que esto no va a ser un problema transitorio y que no afecta solamente a Guatemala, además que va a requerir hacer el mejor uso de los raquíticos fondos con los que cuenta el sector público a nivel nacional. Para romper con la inercia también se requiere que las acciones se van acompañadas de mecanismos para vigilar el buen uso de los recursos y no de solamente promesas de que se van a hacer las cosas bien.

Entonces, no se deberían debilitar más las finanzas públicas promoviendo exoneraciones fiscales, aunque algunas moratorias podrían ser factibles, pero no de manera generalizada, y que el gobierno brinde la mayor transparencia en el uso de los recursos.

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Otro aspecto de la inercia y de la falta de un diagnóstico claro es no enfocarse en quienes van a ser afectados por la crisis. Guatemala carece de mecanismos de protección social ante cualquier tipo de crisis, de hecho, la normalidad en el país es que más de la mitad de los habitantes vive en condiciones de pobreza, una parte importante es vulnerable de volverse pobre ante un evento negativo, y gran parte de la población “vive al día”, con lo que estar sin trabajar o quedarse sin un empleo por muy informal que sea es algo catastrófico. No es sencillo cuando casi tres cuartas partes de los empleos son informales y las microempresas son predominantes, que transitan al borde de la sobrevivencia. Una respuesta a la crisis debe considerar cómo reducir los efectos negativos sobre la gran cantidad de población vulnerable del país. Aún hay tiempo de enmendar la plana, afinar el diagnóstico, romper con la inercia y generar soluciones para quienes de verdad lo van a necesitar.

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