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“El futuro que todos queremos”

Los ODS ante la pandemia del Covid-19

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Debora Ponce es licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogada y Notaria; Consejera ante la Misión Permanente de Guatemala ante la OMC.

Las empresas y el sector privado tienen un rol esencial en el desarrollo sostenible.

En 2015, los Estados Miembros de Naciones Unidas adoptaron la Agenda 2030, una agenda para la acción mundial durante los próximos quince años. Dicha agenda contiene 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas de carácter integrado e indivisible que conjugan las tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental.

Lamentablemente a solo cinco años de la implementación de la agenda 2030, la pandemia del Covid-19 vino a alterar la hoja de ruta de la humanidad. Objetivos como: (1) Fin de la pobreza, (2) Hambre cero, (3) Salud y bienestar, (4) Educación de calidad, (8) Trabajo decente y crecimiento económico, sufrieron un significativo retroceso.

Si bien este es un duro golpe para la implementación de la agenda, los ODS más que nunca son válidos y necesarios. Está claro que el logro de las metas fijadas en los ODS dependen en gran parte de una pronta y sostenible recuperación del Covid-19.

La implementación de los ODS se basa en un espíritu de mayor solidaridad mundial que promueve una “alianza de colaboración”. Esta es una novedad que introduce dicha agenda ya que la responsabilidad de la implementación y consecución de los objetivos y metas no recae únicamente en los gobiernos, sino que se incluye por primera vez a “todas las partes interesadas y todas las personas”.

Es así como nuevos actores como las empresas y el sector privado pasan a tener un rol esencial en la implementación de los ODS. No es sorpresa que, como consecuencia de este nuevo rol, la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) haya adquirido tanta importancia en la actualidad. Hoy en día la RSE se ha reforzado, enfocándose en la adopción interna de un comportamiento empresarial responsable que refleje en el día a día de cada empresa, su contribución a la prosperidad económica, social y ambiental del mundo que le rodea.

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Parecería contradictorio que una empresa, cuyo objetivo es la creación de riqueza, pueda contribuir a los ODS, pero en estos cinco años de implementación la práctica ha demostrado lo contrario. Toda empresa tiene una función esencial en el cumplimiento de las metas, en particular porque son fuentes de trabajo, crecimiento económico y muchas de ellas buscan un verdadero cambio en los modelos de producción y de consumo para que sean sostenibles. Diversos países, sin importar su nivel de desarrollo, han reportado en sus informes nacionales voluntarios de ODS la contribución del sector privado en la implementación de los objetivos.

Guatemala no es la excepción, varias empresas del país ya son parte del cambio, adoptando importantes políticas internas que reproducen los principios y las metas fijadas en los ODS. Empresas guatemaltecas ya siguen prácticas sostenibles que toman en consideración los aspectos sociales, económicos y ambientales en sus procesos de producción y distribución. Empresas ejemplares ya han adoptado prácticas de producción de informes de sostenibilidad que son esenciales para informar a sus consumidores e inversionistas que se vuelven cada día más selectivos y exigentes cuando se trata de sostenibilidad.

La pandemia del Covid-19 presenta un nuevo reto para la humanidad, pero en las adversidades sale a la luz la virtud, y es momento que la humanidad demuestre que aún se puede lograr la ambiciosa agenda para construir “el futuro que todos queremos”. .



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