Carlos Enrique Orellana Ayala

Entre la enseñanza y el ejercicio de la neuropediatría

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"Los médicos tenemos una vida de muchos sacrificios, pero lo que no puede ser sacrificado es nuestra familia".

Carlos Enrique Orellana Ayala nació el 13 de febrero de 1967 en el municipio de El Jícaro, El Progreso. Sus primeros años los vivió en la pasividad del campo y viendo cómo sus padres ejercían su labor docente, hasta que su familia se mudó a la ciudad de Guatemala para que continuara sus estudios.

En el Colegio San José de los Infantes estudió Bachillerato en Ciencias y Letras y a los 22 años ya se estaba graduando como Médico y Cirujano en la facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Realizó su postgrado de Pediatría en el Hospital General San Juan de Dios e hizo estudios de Neuropediatría en la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra, España.

Ha desarrollado diversidad de actividades en favor de los niños con Trastorno de Atención con Hiperactividad-Impulsividad; Trastornos del Espectro del Autismo y otros problemas del desarrollo. Actualmente se desempeña como coordinador del Consejo Directivo del Centro Escolar FAMORE. Es expositor en conferencias a nivel nacional e internacional y ha publicado varios capítulos de libros y artículos relacionados con el desarrollo infantil, sin embargo, según refiere el doctor Orellana, es su familia su principal logro y tesoro.

Dejemos que sea el mismo doctor Orellana Ayala quien nos hable de su experiencia y enseñanza de vida.

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¿Puede compartirnos sobre su trayectoria profesional?

-Al terminar los estudios de medicina comencé a formarme como pediatra, y a los 26 años comencé el ejercicio profesional como médico pediatra en la región Sur Oriental de Guatemala, en el municipio de Chiquimulilla, Santa Rosa. Después de algunos años nos mudamos a vivir a Pamplona en Navarra, España, en donde ingresé a la Universidad de Navarra para formarme como neurólogo pediatra. Retornamos a Guatemala en 2004. En Guatemala he trabajado en un consultorio dedicado a la neurología pediátrica, con especial énfasis en el neurodesarrollo, conducta y aprendizaje.

Durante algunos años dirigí un programa de formación en la Escuelas de Estudios de Postgrado de la Facultad de Ciencias Médicas en la Universidad de San Carlos de Guatemala, con este programa se formaron numerosos profesionales especializados en neurodesarrollo y distribuidos por toda la geografía nacional, de esta forma se contribuía a la detección temprana de niños con desarrollo atípico y con desarrollo no normal, de manera que pudiera iniciarse la intervención temprana y mejorar su pronóstico general.

En el año 2009 fundé el Centro Escolar FAMORE buscando presentar una institución educativa en la que se reunieran conocimientos de las neurociencias y la pedagogía, y así romper paradigmas educativos y mostrar que existen modelos alternativos de enseñanza para hacer más accesible el aprendizaje, a la vez que se implementaban conceptos de diversos pedagogos que, a lo largo de la historia, han enfatizado el concepto de persona como elemento clave en la educación.

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Usted cuenta con una larga y destacada trayectoria profesional, pero ¿qué considera que es lo más destacado en su vida?

-Lo más destacado en mi vida ha sido formar una familia junto a mi esposa. Contar con ella y con mis hijos le da fuerzas, empuje y motivos a todas las demás cosas que hago. El apoyo incondicional de mi familia nuclear y extendida me ha permitido emprender una serie de acciones en el campo de la medicina y la educación. En el año 2016 recibí el galardón de “Guatemalteco Ilustre en la rama de las ciencias” por la actividad desarrollada en el campo de la neurología, neurodesarrollo y educación.

¿Qué proyectos espera realizar a mediano o largo plazo?

-Mi deseo es seguir contribuyendo a la formación de padres de familia, docentes y otros profesionales involucrados, directa o indirectamente, en la educación. También quiero continuar siendo docente universitario, actualmente colaboro con la Universidad Internaciones en su maestría de Neurodidáctica, pronto lo haré con el Centro Universitario de Occidente con una especialización en Neurología Neonatal y otra de Trastornos del Neurodesarrollo. En unas semanas tendré la oportunidad de participar como catedrático en un programa de formación europeo, algo muy interesante y motivante. Estoy esperando también unos programas de especialización en manejo del dolor en pediatría y Trastornos del Espectro Autista. Los emprendimientos en que me involucro, son, fundamentalmente, académicos.

También quisiera poder terminar algunos libros que se han quedado avanzados, pero sin concluir, se sumarían a otros que he editado de manera individual y también a los capítulos de libros que me han invitado a escribir. También ya está en marcha un proyecto para enseñar a cocinar a chicos y dar un valor agregado a su formación, además de estimularlos a organizar su propia empresa de comida. Pero no solo enseñarles a cocinar, sino también a administrar, cuestiones de seguridad en los alimentos y a cultivar algunos de sus ingredientes. La cocina permite muchos aprendizajes y resulta terapéutica en muchos aspectos, además del gusto de poder disfrutar comiendo lo que se produce.

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¿Puede compartirnos sobre su familia?

-Mi esposa se llama Ingrid, ella es pediatra y especialista en bioética, se dedica a la investigación médica. Una mujer muy inteligente, excelente esposa y madre. Mis hijos son Josué, el mayor que estudia físico-matemática y tiene planes de estudiar derecho; Saraí estudia nutrición y es la artista de la familia; y Gabriela que aún está en el colegio y es una persona dentro del Espectro Autista.

¿Cómo hace para compaginar su vida profesional con la atención y crianza de sus hijos?

-Es sencillo, se le da prioridad a la familia y luego todo se facilita. Saber que en casa nos esperan, que hay momentos en los que es necesario estar juntos y compartir. Los médicos tenemos una vida de muchos sacrificios, pero lo que no puede ser sacrificado es nuestra familia.

¿Qué consejo daría a los padres de familia para tener una familia y trabajo exitoso?

-Que una carrera profesional exitosa es algo que vale mucho y es necesario empeñarnos en ello, dedicarle tiempo y esfuerzo, mantenerse estudiando y capacitando para ir al día con los conocimientos del área que trabajamos, pero mucho más importante es cuidar nuestra familia y saber darle prioridad, eso implica renunciar a algunas cosas, pero al final descubrimos que hemos atesorado más.

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