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COVID-19 en Honduras y las muertes escondidas entre la corrupción e inoperancia

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Para la ex directora de Medicina Forense, Julissa Villanueva, el subregistro y desinterés de las muertes por COVID es parte de una complicidad gubernamental que violenta derechos humanos.
Foto: criterio.hn

Saraí Alvarado / criterio.hn

Sobeydi Rodríguez enterró a su padre en julio del año pasado, pero a 11 meses de su deceso nadie le confirmó las causas de su muerte. Ella y su familia creen que su deceso fue por COVID-19, pero desgraciadamente el caso de su padre es uno entre tantos que no están contabilizados por el Gobierno a consecuencia de la pandemia.

“Nunca dieron los resultados de la prueba por COVID, solo dieron el acta de defunción del Hospital Cardiopulmonar en donde escribieron como causa de muerte insuficiencia respiratoria tipo uno aguda, neumonía atípica y probable COVID”, narró a Criterio.hn Sobeydi. El padre de la joven maestra murió el 2 de julio de 2020 en el hospital de referencia de enfermedades cardiopulmonares de Honduras, ubicado en la capital, Tegucigalpa. Don Francisco Rodríguez comenzó a sentirse agotado y con dificultad para respirar, no padecía de ninguna enfermedad o comorbilidad asociada a las fiebres que presentó, según sus familiares quienes no volvieron a verlo con vida dos meses después de haberlo internado.

Sobeydi lamenta que la defunción de su padre haya sido inscrita tres meses después de la muerte debido a la demora del hospital en establecer las causas del deceso, aunque estas no sean de su convencimiento porque los síntomas que presentaba eran de coronavirus y a eso se suma también los tediosos trámites en momentos de pandemia, dijo.

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Foto: criterio.hn

El caso del papá de Sobeydi probablemente es uno más de los números ocultos del Gobierno hondureño en el registro de las muertes por la COVID-19 debido a diversos factores, que van desde falencias en el sistema sanitario en el área clínica y forense, hasta la burocracia en los registros civiles.

A 13 meses de la pandemia, en Honduras los datos oficiales de muertes por COVID-19 hasta el 6 de mayo eran de 5 mil 439, pero a esta cifra tendría que sumarse 7 mil de las actas de defunción que recibieron 60 funerarias, de las 400 que hay en el país.

Según la Asociación Nacional de la Industria de las Funerarias de Honduras, el año pasado se registraron 7 mil 620 entierros de víctimas de coronavirus. En enero de 2021, 1,203; en febrero, 1,056; en marzo 1,102 y en abril 1,452. En cinco días de mayo se realizaron 220 entierros de fallecidos por COVID-19 o sospecha del virus, llegando a un total de 12 mil 653 muertes desde que inició la emergencia sanitaria.

Mientras tanto, hasta la segunda semana de abril de 2021 la cifra del Gobierno en relación con los fallecimientos por COVID-19 fue de 4 mil 900 casos, frente a los 11 mil 441 que contabilizaban las funerarias al 12 de abril, periodo en que se realizó esta investigación.

“Las cifras son alarmantes”, dijo a Criterio.hn, Jesús Morán, secretario general de la Asociación de Funerarias, quien lamentó que en menos de cinco meses de 2021 las muertes ascienden a 5 mil 33, mientras el Sistema Nacional de Gestión de Riesgos (Sinager) cuenta la misma cantidad, pero en un año.

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Los directivos de las funerarias a nivel nacional solicitaron a inicios de la pandemia apoyar a Sinager para llevar un control de las muertes, pero por el contrario, fueron marginados.
Foto: criterio.hn

Morán refirió que las autoridades de Gobierno continúan colocando en sus estadísticas oficiales, solo las muertes de personas a quienes les realizaron una prueba PCR de COVID-19 en tiempo real, misma que emite el Laboratorio Nacional de Virología, con desfase en resultados y limitaciones por el poco alcance de su personal a nivel de todo el país.

“Nosotros como industria de funerarias nos basamos en los dictámenes médicos que emiten los hospitales, centros de salud, triajes, médicos comunitarios, clínicas privadas, enfermeras comunitarias, en donde establecen muertes por diagnósticos de neumonía atípica, insuficiencia respiratoria, sospecha por COVID-19 entre otras patologías asociadas, pero el Gobierno solamente contabiliza a quienes les aplicaron una prueba PCR y la mora de esos resultados es altísima de más de 6 mil pruebas, por eso los datos no van a cuadrar”, dijo Morán.

Las cifras tampoco cuadran con relación a los contagios, ya que hasta el 5 de mayo el Sinager informó que 216 mil 964 personas se habían contagiado de coronavirus en Honduras desde que se registró el primer caso (10 de marzo de 2020), pero los directivos de las funerarias aseguran que los contagios reales también son mayores y superan el millón de personas, si se analizan los decesos que en la actualidad son 40 diarios.

La mayoría de las muertes registradas en Honduras, según actas de defunción de las funerarias, corresponden a los centros urbanos, principalmente en los departamentos de Cortés, Francisco Morazán, Comayagua, Atlántida, Olancho, Yoro, Santa Bárbara, Copán, El Paraíso, Colón, La Paz y Choluteca. Siendo también el dato de la mortalidad otro aspecto importante, sobrepasando el 27 por ciento en Cortés y el 25 por ciento en Francisco Morazán

Desde agosto de 2020, la pandemia comenzó a migrar hacia las zonas rurales donde las personas fallecen por la COVID-19, pero no los diagnostican. En estas zonas los servicios fúnebres son brindados por los carpinteros locales, que fabrican los ataudes, pero no diagnostican ni reportan las muertes, argumentó Morán.


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Los médicos escriben en las actas de defunción insuficiencia respiratoria en la mayoría de los casos, pero nosotros sabemos que es COVID19, nos advierten: Carlos Godoy propietario de funeraria.
Foto: criterio.hn

Desorden y dispersión de las estadísticas

Honduras inició la emergencia sanitaria por SARS- CoV2 o COVID-19 con el caso de una hondureña de 42 años, en estado de embarazo, quien regresó de España el 4 de marzo de 2020 y otra hondureña de 32 años que regresaba de Suiza el 5 de marzo del mismo año.

La información se dio a conocer el 10 de marzo mediante un comunicado de prensa de la Secretaría de Salud. Tres días después, el presidente Juan Hernández anunció tres casos más de contagio.

Desde ese entonces, se activó el Sistema Nacional de Gestión Riesgos (Sinager), presidido por el mandatario y que agrupa a funcionarios de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), Secretaría de Salud (Sesal), Secretaría de Finanzas, Asociación de Municipios de Honduras (alcaldías), entre otros organismos estatales.

El Sinager centraliza toda la información relacionada a los datos y estadísticas de la pandemia, de hecho, es el único ente autorizado para difundir la información en torno a las muertes por la COVID-19 o casos sospechosos.

Durante casi un año, la información se conoció por cadena nacional de radio y televisión o comunicados de Sinager, sin dar mayores detalles, solo reportando aumento de contagios, altas médicas y muertos. Cualquier otra información manejada por empleados de salud, entre estos, médicos, enfermeras e incluso forenses, debía ser considerada a título personal o sin fundamento.

Evidencia de lo centralizada que está la información es que cuando se solicitó por medio de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública datos estadísticos a la Dirección de Medicina Forense, con relación a cuántas autopsias o levantamientos cadavéricos ha realizado el Ministerio Público (MP) confirmados o no por COVID-19, desde marzo 2020 hasta el 15 de marzo de 2021, la respuesta fue una recomendación de avocarse al Sinager.

Ver aquí la respuesta del director de Medicina Forense

Asimismo, se solicitó a la Copeco, estadísticas con relación a las muertes domiciliarias por COVID-19 por ser la institución que inicialmente se adjudicó dicha gestión, sin embargo, la respuesta fue que estos datos deben solicitarse a la Secretaría de Salud.

La solicitud se trasladó a la Sesal, pero esta institución pidió una prórroga de 10 días que establece la ley. Paradójicamente una vez transcurrido este tiempo la Secretaría de Salud nos instó a que acudiéramos a la Copeco.

Ver aquí la respuesta de la Secretaría de Salud

Anteriormente, se había solicitado otra información a la Sesal sobre estadísticas oficiales COVID-19. Esta información fue respondida, pero es la misma que está publicada en el sitio web https://covid19honduras.org/, no así lo relacionado a las muertes domiciliarias registradas desde que comenzó la pandemia.


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Honduras registra al menos 14 mil fallecidos por COVID-19 desde marzo 2020 hasta mayo 2021, según registros de actas de defunción.
Foto: criterio.hn

Diagnósticos en registros hospitalarios

La población de Honduras, según proyección de 2021 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), es de 9 millones 450 mil 711; de esta cifra 4 millones 599 mil 323 son hombres y 4 millones 851 mil 388 son mujeres.

Descargar Proyección de población INE 2021

La jefa de Unidad de Vigilancia de la Secretaría de Salud, Karla Pavón, informó que a un año de la pandemia habían muerto 2 mil 614 hombres y 1,661 mujeres, de un total de 4 mil 275 fallecimientos por COVID-19. Cifras hasta marzo de 2021.

Según el Registro Nacional de las Personas (RNP), las defunciones inscritas en 2020 fueron 28 mil 193 y las inscritas hasta el 12 de abril de 2021 fueron 13 mil 390.

Al revisar las causas de muerte inscritas en el RNP, la mayoría son por neumonías, insuficiencias respiratorias, síndrome distrés respiratorio, insuficiencia cardíaca, neumonías atípicas, COVID-19, sospecha de COVID-19, cardiopatía isquémica, infarto agudo al miocardio, fibrosis pulmonar, choque séptico, hipertensión arterial, diabetes mellitus infarto agudo, entre otras relacionadas a enfermedades crónicas asociadas (comorbilidades) que se complican ante el COVID-19.



Para la presidenta del Colegio Médico de Honduras (CMH), Suyapa Figueroa, “es probable que sea por el llenado de las hojas de defunción”, que las cifras reales de muertos por COVID-19 no cuadran con la realidad ni con las presentadas por el Gobierno.

Figueroa, quien es especialista en medicina interna y neumología, señaló además otra arista en relación con el llenado de las actas de defunción, en el sentido de que “los jefes han ordenado que se escriba como causa de muerte, insuficiencia respiratoria aguda, cuando esa no es una causa de muerte”.

>Lo que se está haciendo, según Figueroa, es registrar la causa inmediata, como la causa de muerte, probablemente con el objeto de disminuir el impacto de las muertes por COVID-19.


Defunciones ignoradas en datos oficiales

Contrario a El Salvador y Guatemala, cuando un hondureño muere sus familiares no acuden inmediatamente a tramitar las actas de defunción, por lo que las causas de las muertes no son claras. Pueden pasar no solo semanas y meses, sino años sin que los parientes inscriban las defunciones ante el RNP, lo que imposibilita obtener estadísticas ordenadas e inmediatas para hacer comparaciones de decesos en el marco de la pandemia.

Mi papá murió el 2 de julio de 2020, pero su defunción fue registrada en octubre, confirmó Sobeydi Rodríguez, quien comentó que una de las causas de la demora fue en la entrega del dictamen y en conocer exactamente el resultado de la prueba de COVID-19 practicada en el hospital, la que a esta fecha siguen ignorando sumado al dictamen clínico del deceso llenado con información errónea, “incluso aseguraban que mi papá no sabía leer ni escribir, cuando él era comerciante y hábil en matemáticas”.

Así como este caso, hay muchos más, y si a eso se suma que hay otros registros de defunción que ni especifican la división municipal en donde ocurrieron los fallecimientos registrados, aumenta el desorden estadístico y también permite “nutrir” ese subregistro de muertes en Honduras.

Las defunciones inscritas en el RNP en 2020 fueron 28 mil 193 y hasta el 12 de abril de 2021 se registraban 13 mil 390.

Ver defunciones inscritas RNP entre enero 2020 a marzo de 2021

En las mismas puede observarse las enfermedades que se establecieron en las actas de defunción por muerte natural e incluso en muchas ni siquiera se escribió información relacionada a la causa, pero sí pone de relieve que las muertes siguen en ascenso.

Algunas actas de defunción a las que tuvimos acceso y que proceden de recuentos de médicos en hospitales y domicilios desde marzo 2020 hasta marzo de 2021, establecen diversas causas y términos como: falla múltiple de órganos, neumonía grave, sospecha COVID-19, infección respiratoria, probable COVID-19, insuficiencia respiratoria aguda, sospecha SARS-CoV2, sospecha por infección SARS-CoV2, neumonía grave antígeno, enfermedad renal, diabetes mellitus tipo dos y presión arterial crónica, neumonía atípica, insuficiencia respiratoria tipo uno, neumonía viral, diabetes mellitus tipo dos, neumonía, nefropatía crónica, neumonía hospitalaria, neumonía intersticial y neumonía bilateral.

En otros casos, en las actas de defunción, solo aparecen escritos los datos generales de la persona a sepultarse, lugar de traslados y del levantamiento domiciliario por parte de los grupos de respuesta del Sinager, por lo que las funerarias no confirman estos casos como COVID-19, sino como sospecha.

Para mantener los protocolos de bioseguridad y lograr un mejor orden y control en los servicios fúnebres, incluyendo los datos de los fallecimientos, las funerarias solicitaron trabajar desde 2020 con el Grupo Forense de Respuesta Rápida de Sinager, pero la solicitud no ha sido atendida.

En Honduras 400 empresas prestan servicios fúnebres, 80 de ellas están asociadas, pero solo 60 manejan información ordenada de entierros por COVID-19, los 320 restantes dan el servicio directamente a las familias de las víctimas, dice el presidente de la Asociación de Funerarias, Edwin Lanza, quien refiere que esta situación fomenta el mal manejo de las cifras con relación a la pandemia.

Las otras funerarias que no están asociadas trabajan directamente con las alcaldías y hasta con empleados de los hospitales, quienes les avisan cuando se registran los fallecimientos para que procedan inmediatamente a los entierros, de manera que el acceso a esa información se complica aún más si se quiere tener un registro estadístico, agrega Lanza.

En junio de 2020 el Sinager creó el Grupo Forense de Respuesta Rápida para verificar los fallecimientos domiciliarios, tras varias semanas en las que se registró un aumento de llamadas al 911 solicitando auxilio de personas en sus casas e inclusive en redes sociales que mostraban, mediante videos, cómo las personas perdían el conocimiento en unidades de transporte, en camino hacia hospitales y otros lugares públicos.

En la base de datos sobre las causas de muerte establecidas por la Dirección de Medicina Forense, en el enunciado de muertes naturales, se comenzó a registrar a partir del 8 de abril de 2020, a un mes de oficializada la emergencia sanitaria, el término de sospecha o COVID-19.

El primer caso registrado fue el de un hombre de entre 55 y 59 años, quien había sido llevado al Hospital Escuela de Tegucigalpa. A este le siguieron decenas de casos más en menos de seis meses registrados como COVID-19, sospecha de COVID-19, neumonías atípicas, insuficiencia respiratoria, renal, pulmonar y demás patologías relacionadas y que se complican debido a la presencia del coronavirus.

Datos de Medicina Forense sobre muertes naturales 2020- 2021

Pese a los subregistros que son más que evidentes, para la coordinadora de Emergencia y Desastres de la Unidad de Vigilancia y del Grupo de Forenses de la Secretaría de Salud, Ángela Salgado, los datos oficiales sobre decesos por COVID-19 están al día y bien estructurados y son publicados mediante un boletín que establece a diario cuántos pacientes están positivos, negativos y fallecidos.

Con relación a los datos manejados por las funerarias argumentó que estas deben confirmar cada caso ante la Secretaría de Salud, aunque admitió que ha existido problemas para validar los resultados de las pruebas por la falta de equipo y laboratorios que procesan la demanda. Pero, “ahora tenemos cuatro laboratorios, no uno como al principio, por eso costaba tener los resultados, ahora hacemos también pruebas de antígeno, pero como país solo tomamos muestra PCR al cadáver”.

Se le pidió cuadros estadísticos, pero respondió que esa petición debía hacerse por medio de la Unidad de Transparencia dirigida a la Secretaría de Salud, acción que ya se había hecho anteriormente, sin lograr respuesta.

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En Honduras 400 empresas prestan servicios fúnebres, 80 de ellas están asociadas, pero solo 60 manejan información ordenada de entierros por COVID-19.
Foto: criterio.hn

Subregistro de muertes domiciliarias

Por su parte, el médico forense Lempira Escobar, coordinador del equipo de Respuesta Rápida para la zona norte, que aglutina a las comunidades del Valle de Sula, aseguró que el número de muertes domiciliarias ha bajado con relación a los meses anteriores. No obstante, aclaró que no solo se encargan de este particular, sino que también aplican un protocolo de entierro a las personas que fallecen en los hospitales.

En el departamento de Cortés ha aumentado las muertes en un 15 por ciento, pero las muertes en los domicilios oscilan en 69 casos desde junio de 2020, de estos, 19 pertenecen a la Región Metropolitana de San Pedro Sula y 50 a la Región Departamental de Cortés, 66 varones y tres mujeres.

“La mayor parte de las muertes ocurre en los hospitales, no en las casas, y los que mueren ahí es porque no acudieron rápidamente o no encontraron cupo en los hospitales”, señaló.

Al momento de hacer el trabajo en domicilios, preguntan a los familiares sobre las patologías, el cuadro epidemiológico, los síntomas y toman una muestra de sangre al cuerpo para una prueba rápida de COVID-19. El resultado se tiene de inmediato para llenar el acta de defunción en la que suele escribirse sospechoso por COVID-19.

Consultado sobre el subregistro, Escobar afirmó que “se da porque el familiar se queda callado, no notifican a ninguna autoridad, sobre todo tenemos esos casos en Villanueva donde han muerto al menos 60 personas que no fue notificado en ningún momento su deceso”.

Al revisar el enunciado “Manera de Muerte Natural”, de la Dirección de Medicina Forense, se logra encontrar al menos 882 casos, siendo las principales causas de muerte la neumonía, insuficiencia respiratoria, choque séptico, paro cardiopulmonar, falla ventiladora, insuficiencia cardiaca crónica, síndrome distrés respiratorio, neumonía, falla multiorgánica, COVID-19 o sospecha de coronavirus y sin consignar.

Base de datos de Medicina Forense por muerte natural

Pero cuando se preguntó a Medicina Forense, mediante la Ley de Transparencia, cuántos levantamientos por sospecha de COVID-19 se realizaron a un año de la pandemia, la respuesta fueron “24 en el municipio de Talanga, departamento de Francisco Morazán” y sobre las muertes por COVID-19, autopsias y levantamientos a “privados de libertad, registraron cinco”.




Desinterés entre DDHH y la ciencia

La pandemia del COVID-19 ha impactado a nivel mundial en los derechos humanos, especialmente en el derecho a la salud, la vida, integridad física, psicológica, sin embargo, esta situación ha sido más agobiante en Honduras donde la corrupción ha acelerado la cifra de muertos como consecuencia de la falta de hospitales por fraude, violaciones a los deberes de los funcionarios, despilfarro y robo descarado de miles de millones de lempiras destinados para la emergencia sanitaria.

Informes CNA de La corrupción en tiempos de pandemia en Honduras

La pandemia, también ha impactado en los derechos económicos y sociales, pero además ha dejado en evidencia a un Estado incapaz de impulsar el avance científico en el área de la medicina forense que permita el manejo clínico de los cuerpos para determinar las verdaderas causas de los decesos.

Mientras en Honduras se continúa promoviendo el subregistro y se esconden las cifras sobre las muertes por COVID, en Estados Unidos y otros países se preparan para la investigación. ¿Por qué en Honduras omiten estas autopsias si representan riesgos para la salud pública y debemos conocer científicamente, qué pasó?, es la pregunta que a lo largo de la pandemia ha venido haciendo a las autoridades del MP, la exdirectora de Medicina Forense, Julissa Villanueva.

“Las investigaciones de las muertes por COVID-19 en Honduras y su subregistro representan un argumento más que demuestra la complicidad de una verdad oculta por parte del Gobierno que utiliza la confabulación de los entes institucionales que deberían encargarse de asegurar que la salud pública sea un derecho y más bien representen la omisión en la atención de los casos, ya que solo por medio de una autopsia médico legal la Fiscalía de Derechos Humanos podría documentar científicamente las causas de muerte y sí, en estas muertes, el Estado ha sido negligente”, expuso la patóloga.

Prueba de ese desinterés, del que hace alusión Villanueva, es que cuando se consultó por medio de la Ley de Transparencia, a la Fiscalía de Derechos Humanos del MP, sobre la cantidad de muertes que esa institución estatal ha investigado desde marzo de 2020 al 15 de marzo de 2021, la respuesta fue que dentro de la esfera de las atribuciones de esa fiscalía no se encuentran las investigaciones por muertes.

Ver aquí la respuesta de la Fiscalía de Derechos Humanos con relación a muertes por COVID-19.


Este reportaje fue realizado con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su iniciativa de Adelante en América Latina.


Redacción: Saraí Alvarado , Edición: Emy Padilla, Fotografía: Fernando Destephen, Visualización de datos: Guillermo Burgos, Corrección: Alma Muñoz, Diseño web y edición fotográfica: Irasema Méndez