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A mamá en su día

Una pincelada a los orígenes de la celebración


Celebrar a mamá el 10 de mayo es una oportunidad para mostrar el amor y admiración al ser que abnegadamente entrega todo por sus hijos y por quienes más ama. El festejo en el país se remonta a décadas, sin embargo es en 1968, durante el gobierno del presidente Julio César Méndez Montenegro, que se emite el Decreto 1794, del Congreso de la República, que dice en el artículo 1º. “Se decreta Día de la Madre el diez de mayo de cada año” y en el artículo 2º. establece: “Las madres trabajadoras al servicio del Estado o de empresas particulares, gozarán de asueto con pago de salario el día diez de mayo”.

Este reconocimiento se lo han ganado a pulso miles de madres en Guatemala, y en el resto del mundo, quienes con su entrega incondicional diaria, luchan por sacar adelante a sus hijos, muchas veces sin una figura paterna al lado y en situaciones económicas adversas.

En la historia

Los orígenes recientes de la historia, tal como se conoce actualmente, se remontan a mayo de 1905 cuando Anna Jarvis, a quien se reconoce como la fundadora de esta festividad, le rindió un homenaje a su madre. Mucho antes de fallecer la mamá de Jarvis, Ann Reeves Jarvis, tuvo el deseo de que se dedicara un día a celebrar a las mamás para visibilizar las condiciones de salud y de sanidad que vivieron las madres durante la guerra civil estadounidense (1861-1865).

Cuando falleció el 9 de mayo de 1905, su hija Anna empezó la iniciativa que desencadenó que en 1914 el presidente de Estados Unidos, Thomas Woodrow Wilson, firmara un proyecto de ley para reconocer el Día de la Madre como fiesta nacional.

elPeriódico, a través de su Suplemento del Día de la Madre, se une a la celebración con contenidos especiales, escritos por expertas en las ramas de la psicología, psicología clínica y terapia de parejas, asesoría de imagen y cuidado personal, con consejos que ayuden a las mamás a sobrellevar su cargada agenda diaria.

¡Felicidades mamá!


Superar las ausencias y volver a resurgir

El amor es como te mantienes vivo incluso después de que te hayas ido

—Mitch Albom—
Por: Ana Lucía Novales Schlesinger
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Cuando somos madres experimentamos una serie de situaciones durante la vida, muchas de ellas nos representan grandes alegrías, y otras grandes pérdidas, como podría ser la muerte o ausencia de un ser querido. La experiencia de la pérdida necesita ser vivida, compartida, acompañada y respetada. El proceso normal de duelo puede durar hasta 24 meses, y es importante que la persona, en este caso, una madre ante la pérdida de un hijo, se permita vivirlo.

Los procesos de duelo tienen efectos a nivel fisiológico, emocional, cognitivo, conductual, social y espiritual. A nivel fisiológico podemos experimentar una sensación de “vacío” en el estómago, nudo en la garganta, sequedad en la boca, alteraciones en el sueño y alimentarias, podemos tener la sensación de que algo nos oprime el pecho, falta de energía o que nuestras pulsaciones del corazón son fuertes. En la esfera emocional podemos experimentar sentimientos de tristeza, enojo, miedo, soledad, ansiedad, impotencia, añoranza, desesperanza, alivio, liberación, amargura, etc. Por otro lado, a nivel cognitivo o de pensamiento podemos sentir que nos cuesta concentrarnos y poner atención, podemos perder el interés por cosas que antes nos interesaban, e, incluso sentirnos confundidas. Nuestro comportamiento cuando estamos atravesando un proceso de duelo puede cambiar con respecto a la forma que habitualmente nos comportamos; podemos experimentar aislamiento social, hiperactividad, retraimiento, aumento en el consumo de tabaco y alcohol. A nivel espiritual la persona puede cuestionarse y replantearse sus propias creencias e idea de trascendencia; así mismo puede preguntarse la razón por la cual lo está viviendo.

Como todo proceso, el duelo tiene etapas, y aquí hablaremos de las planteadas por Andrés Gottfried. La primera etapa es la de Choque, es decir el shock, el impacto o conmoción interior que la persona sufre cuando se entera que su ser querido ha fallecido. Le sigue la Negación, se da cuando la persona está tratando por todos los medios de rechazar, de ocultar, negar la realidad de que la pérdida sucedió. La tercera etapa es la Cólera; se caracteriza por una confrontación con la realidad y la proyección de culpa con la ciencia, con el ser querido que falleció, conmigo mismo y con Dios. Le sigue una fase de Comercio, la persona trata de hacer pactos, arreglos, convenios, acuerdos y de dialogar con la vida y hacer que la pérdida no se dé. Para finalmente ingresar a la etapa de Depresión. En esta quinta etapa, se siente una pérdida en el interés en la relación con los demás y con el mundo. Sin embargo, con el tiempo la persona entra en la fase de Aceptación, en la cual asume y acepta el dolor que le causa la pérdida, y se permite vivir el sufrimiento. Después le sobreviene la etapa de la Vivificación en la que busca nuevos valores que le permitan seguir viviendo. Por último, la persona le otorga sentido a la pérdida, es decir, descubre el ¿para qué? debo soportar la pérdida y el dolor que se siente puesto que es inevitable.

Si es una madre que atraviesa por un duelo o conoce a otras que lo están viviendo, es fundamental tener en cuenta cuidarse física y emocionalmente, pero si considera que no puede superar la pérdida busque apoyo profesional.

Ana Lucía Novales Schlesinger; M.A. Psicóloga Clínica, Educativa & Familiar Tanatóloga & Especialista en Duelo Perinatal Colaboradora de Señoriales Corporación de Servicio.


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