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Alexander Valdéz / avaldé[email protected]ódico.com.gt

Una jeringa, mascarillas, papeles sucios, esquirlas de vidrios y restos de comida, entre otros desperdicios. Ese es el escenario en el que José David Mayén desarrolla su rutina de trabajo desde hace más de 23 años. Para José David, el mundo no entra primero por la vista, sino por el olfato, que también es la principal vía de acceso de virus y bacterias al organismo; entre ellos, el COVID-19.

Entre los angostos callejones de la aldea El Aguacate, zona 9 de Mixco, se mueve José David cada día. Recolecta basura de todo tipo, sin un equipo especial que lo proteja y con riesgos de contraer cualquier enfermedad.

Recoge con sus manos los restos que encuentra a su paso y los coloca en el costal que traslada después al camión que él mismo conduce mientras sus cuatro hijos y su esposa lo esperan en casa. Su familia es su combustible, asegura, pero no deja de pensar en que la pandemia del COVID-19 los ha expuesto más debido a su oficio.

Su miedo es constante. No sabe si puede infectarse de coronavirus, aunque asegura que aún no ha padecido la enfermedad, y luego admite que no se ha practicado ninguna prueba desde que se inició la pandemia. Con la ropa sucia por la basura que recoge y extenuado por la jornada, hace una pausa para hablar sobre su trabajo, y cómo este lo arriesga a todo tipo de enfermedades. También admite que son pocos los cuidados que pueden tomar y que sus ingresos son insuficientes para cumplir con las obligaciones de su hogar.

Mucha basura, poco dinero

El municipio de Mixco genera un promedio de 200 toneladas de basura cada día, según fuentes municipales. José David recoge una parte de esos desechos, lo que le deja un ingreso mensual de Q2 mil, que incluye conducir el camión recolector.

Él y sus compañeros se quejan de que con la pandemia no han podido generar ingresos extras con los materiales que recolectan para reciclaje. “De ahí sacábamos para el desayuno, almuerzo y pasaje”, explica.

José David ha vivido en San Miguel Petapa la mayor parte de su vida. Fue allí donde comenzó a vivir, relata, donde conoció a su esposa y donde formó un hogar que comparte con sus cuatro hijos, dos de ellos graduados de diversificado.

Tuvo cuatro hermanos; dos de ellos fallecieron el año pasado por causas no asociadas al virus, asegura. Su mamá y papá también murieron ese mismo año. Eran personas que lo acompañaban en todo momento, dice. Por eso recuerda sus muertes como los momentos más duros de su historia reciente. Hablar de ese dolor hace que piense en el tiempo en que tuvo problemas de alcoholismo. “Pero eso fue hace años”, añade, y asegura que actualmente ya no consume licor.


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¿Inmunidad?

“En el inicio de la pandemia nos topamos en varias casas con familias infectadas. Había algunos que nos avisaban y otros que no, así que tomamos algunas medidas para manipular la basura”, cuenta José David. Ninguno de sus compañeros se ha infectado con el COVID-19, especula con cierta alegría.

José David cree que al estar expuesto a las bacterias y demás microorganismos que genera la basura su cuerpo se ha hecho inmune a diferentes enfermedades; entre ellas, el COVID-19. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades consideran que es posible que las personas se infecten a través del contacto con superficies u objetos contaminados; sin embargo, admiten que el riesgo es bajo.

La especialista Anaité Díaz, directora del Departamento de Epidemiología de la Universidad del Valle de Guatemala, recomienda que el personal que se dedica a la recolección de basura tenga un uniforme, se coloque protectores de cualquier sustancia y use guantes. Esas no son opciones para José David.

“Está demostrado que esa es una ocupación que pone en mucho mayor riesgo a las personas para tener problemas crónicos respiratorios, por la cantidad de partículas que genera la basura y están en contacto con los pulmones”, dice la epidemióloga, y agrega que hay riesgo de contagio de COVID-19 tanto por tocar algún material contaminado como por acercarse a otra persona contagiada.

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La profesión del desamparo

Ni la Municipalidad de Guatemala ni la de Mixco tienen un registro exacto de personas dedicadas a la recolección de basura que se hayan infectado o fallecido a causa del COVID-19. La comuna capitalina aseguró que únicamente tienen un reporte de 1,200 guajeros en el basurero de la zona 3, además de más de 550 camiones que trasladan más de 3 mil toneladas de basura que cada día vierten en ese lugar.

Mynor Espinoza, vocero de la comuna de Mixco, indicó que hay más de 500 recolectores que laboran en el municipio y siete empresas registradas que trasladan los desechos hacia el vertedero de la zona 3 de la ciudad de Guatemala.

La comuna capitalina asegura que las personas que ingresen al botadero deben cumplir con un protocolo de bioseguridad, y un registro de entrada y salida, donde se verifica que atienden las medidas sanitarias. En Mixco no se informó sobre este procedimiento.


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La basura no se detiene

La lluvia comienza a caer, pero José David no detiene su trabajo; sigue con la recolección de basura entre las calles de El Aguacate. “Acá no hay feriado ni descanso; no le hacemos caras a nada. Bajo el agua siempre le echamos ganas”, dice con media sonrisa en el rostro.

Pese a los riesgos, José David se siente cómodo con su trabajo; lo califica como alegre y disfruta sus jornadas junto a sus compañeros. Lo que más ha recogido en el último año son mascarillas. Se pregunta brevemente si antes de tirarlas fueron utilizadas por personas infectadas con COVID-19… Luego las echa en el costal y avanza hacia la próxima montaña de basura.