La inflación de “commodities”: El reto para 2021 y 2022

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Guatemala no puede influir en los precios de los commodities. El café es uno de los principales productos de exportación al cual se le ha dificultado conseguir un precio alto.
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Por Paulo De León

El 2021 será un año de rebote económico en todos lados del mundo, incluido Guatemala. Aritméticamente está garantizado por el crash económico que fue 2020. Pero el año no está exento de retos económicos y probablemente el más importante es entender el impacto del galopante rebote del precio de los commodities a nivel mundial y su incidencia en el país. En primer lugar, para los commodities que Guatemala produce, dicha subida es algo positivo porque los productores tendrán mejores precios y sus ingresos subirán generando un efecto cascada positivo en sus localidades y a toda la población nos permite contar con un influjo importante de divisas que podemos usar para importar cualquier tipo de bien o servicio. Un ejemplo es el café, cultivo que está presente en 21 de los 22 departamentos del país y donde el 95 por ciento de los productores son pequeños caficultores. Más de 500 mil familias del país están ligadas a dicho cultivo.

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Como contraparte, el aumento del precio de los commodities en los mercados internacionales de los productos e insumos que importamos hará que los precios al consumidor experimenten un alza lógica. El maíz, el trigo, la soya; por nombrar algunos; han subido dramáticamente su precio en las Bolsas de Nueva York y Chicago. En este sentido hay que entender que Guatemala, dado su ínfima relevancia en la economía global, somos lo que conocemos los economistas como tomadores de precios. Es decir, no tenemos la capacidad de influir en el nivel de precio de mercado mundial. El aumento de esas materias primas impacta en la cadena de producción de otros alimentos también provocando entonces que los precios al consumidor suban.

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El movimiento de precios ha sido violento en las últimas semanas y se debe a diversas razones: primero, tras la pandemia, el mundo entero ha empezado a comprar más comida provocando un exceso de demanda que termina siempre en aumentos de precios por las fuerzas de mercado. Segundo, los problemas de logística a nivel mundial producto de confinamientos, operaciones parciales en puertos ha disparado el precio de transporte marítimo hasta cuatro veces lo que costaba hace tan solo unos meses. En tercer lugar, y no deja de ser menor; es que una de las respuestas de política monetaria de los principales bancos centrales del mundo, pero en especial la Reserva Federal ha sido imprimir billete e inundar el mundo con dólares. Los economistas sabemos que la inflación tiene un componente monetario, es decir, cuando se usa y abusa de la maquinita de impresión tarde o temprano los precios suben. EE.UU. es la principal economía del mundo e inyectar dinero a la velocidad que lo están haciendo, esta provocando que las expectativas inflacionarias suban y los precios reaccionen al alza.

Localmente poco podemos hacer por detener un fenómeno global por nuestra condición de tomadores de precios. El Banguat no puede detener la inflación mundial aplicando una política restrictiva local, solo aumentaría el costo del crédito y las cosas estarían aún peor. La misma lógica aplica para otras agencias del Estado que velan por este tipo de fenómenos.

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