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Textos: Juan Diego Godoy | Video e Imágenes: Pavel Tuc, José Alvizures | Montaje: Irasema Méndez

La trillada frase de que las mejores fragancias se encuentran en los frascos más pequeños, le hace justicia al departamento de Sacatepéquez, tan pequeño y tan magno. Tierra de leyendas y escritores, de poetas y bohemios, es el guardián de la historia colonial e impulsor de la cultura nacional. Sus 16 municipios son fieles testigos de las tradiciones y costumbres guatemaltecas y kaqchiqueles, del sincretismo religioso y del –a veces gélido y a veces cálido– recuerdo perpetuo de la época colonial.

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En Sacatepéquez convergen el arte, la historia, la música y la literatura con una fluidez que parece estar impregnada en sus ciudades más vibrantes, como Antigua, Jocotenango y Ciudad Vieja. Desde cuentistas enamorados, como los del grupo literario Ateneo, y poetas perdidos como Wyld Ospina que dedican sus mejores versos a estas tierras coloniales; hasta casas que guardan celosamente la historia y cultura, como Casa K’ojom, Casa Popenoe y el Museo de Arte Colonial, sin olvidar su centenaria tradición cafetera, impulsada por fincas como La Azotea; el pulgarcito del país guarda celosamente sus reliquias, pero las expone a los curiosos que las visitan, por amor al arte, por deber patrimonial.

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"Sacat" significa yerba o zacate; y "tepetl", cerro. Por eso, Sacatepéquez significa algo así como “en el cerro cubierto de hierba” y entonces vale la pena preguntarse: ¿qué hay en ese cerro cubierto de hierba? Un volcán. Una ciudad colonial. Mucho café y arte. Decenas de tradiciones centenarias. Kaqchiqueles inmortales. Un libro de leyendas.

Los secretos bajo la hierba de aquel cerro, salen prudentemente a la luz en estos reportajes que desnudan a un Sacatepéquez pensativo y milenario. Un Sacatepéquez que siempre ha estado ahí, generación tras generación.


Este proyecto contó con el apoyo de Porta Hotel y Transportes Aylin Marilena

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