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Villa Lesbia: los secretos de Tertulianos, el restaurante que es una mansión quetzalteca


Ciudad de Quetzaltenango | Texto: Juan Diego Godoy / Audiovisuales: José Alvizures y Pavel Tuc / Montaje: Irasema Méndez



Si todas las casas cuentan historias, Villa Lesbia tiene algunas de las más fascinantes de todo Quetzaltenango. La mansión a la italiana de 40 habitaciones, tuvo tantos dueños como usos. Fue el hogar de acaudalados cafetaleros de la época, más adelante un consulado y refugio político, luego un seminario y finalmente, un restaurante y museo.

En los 2000, la mansión fue bautizada como “Tertulianos”, nombre del restaurante que dirige el chef Pablo Alvarado. Pero en los espacios en donde vive un chef y se prepara carne y fondue, antes vivieron y se prepararon otras cosas. Para suerte de esta historia, las paredes de la casa no hablan, pero los libros de historia sí. así.


Póker, acuerdos, villas

En lo que algunos catalogan como un ataque de amor, el cafetalero Felipe Carrascosa bautizó su primer hogar como “Villa Lesbia”, en honor a su mujer, Lesbia Cristiani Armendáriz. La dama de Chiapas se había casado con el cafetalero, mucho mayor que ella y tuvieron un matrimonio fugaz. En su lecho de muerte, Carrascosa le pidió a Cristiani que se casara, de inmediato, con otro acaudalado cafetalero que había llegado a Quetzaltenango unos años antes: Hugo Fleischmann.

“Fleischmann se radicó en Quetzaltennago en 1880 y con el tiempo fue comprando tierras que convirtió en fincas de café, volviéndose un experto en el cultivo”, detalla el historiador Roberto Gutiérrez, que se dedicó a investigar la historia de la mansión a petición del restaurante. Pero la llegada del alemán Fleischmann a Xela, la ciudad en dónde haría dinero, amor y un nombre, fue al inicio caótica.

“En el barco alemán, Fleischmann perdió toda su fortuna jugando póker con los marineros con los que viajaba desde Alemania. Cuando el barco se detuvo en el puerto de Champerico, Fleischmann, sin dinero, decidió bajarse para ver qué encontraba. Terminó en Quetzaltenango y se dedicó al café. Así triunfó”, detalla Jobita Castellanos, administradora del restaurante. El historiador confirma el relato. “Perdió todo su dinero frente a marineros que no sabía que también eran experimentos jugadores de póker. Llegó al puerto sin ni un centavo”, detalla.

De acuerdo con Guitiérrez, la posición de Quetzaltenango y la mala calidad de los caminos para llegar hasta la capital hizo que varios cafetaleros como Carrascosa y, más adelante, Fleischmann se instalaran en la ciudad de la luna. “En aquella época la zona cafetalera del suroccidente era muy próspera por lo que la mayoría de los finqueros se instalaron aquí. Además, que queda cercana al puerto de Champerico, ideal para embarcar el café”, detalla el historiador.

Hay quienes aseguran que Carrascosa solo le dijo a Cristiani que “se asesorara” con Fleischmann para el manejo de las fincas que, tras su muerte, ella heredaría. Pero de la asesoría, pasaron al romance y en poco tiempo, el alemán y la chiapaneca se casaron. Bajo el techo del nuevo matrimonio se criaron siete niños; tres del matrimonio con Carrascosa y cuatro del matrimonio con Fleischmann. Entonces, la famosa mansión “Villa Lesbia” fue modificada, ampliada y enriquecida por el arquitecto Desiderio Scotti. Nacía así, en 1902, una de las casas más emblemáticas de la ciudad.



Refugios, sótanos y pasadizos

Fleischmann no solo se dedicó al café. Coqueteaba con la diplomacia y la política. Tanto, que fue por 50 años nombrado consul ad honorem de Gran Bretaña. “Fue nombrado así por la Reina VIctoria”, apunta el historiador. Aquel puesto fue clave, sobre todo para la caída de Manuel Estrada Cabrera, en 1920.

El cafetalero alemán era simpatizante de la dictadura de El Señor Presidente, y por esa razón, cuando las turbas quetzaltecas comenzaron a perseguir a los aliados del gobierno, Fleischmann abrió las puertas de Villa Lesbia para cobijar a los aliados de Estrada Cabrera. El jefe político de Quetzaltenango de aquella época, el coronel José Antonio Aguilar y su hijo utilizaron uno de los pasadizos de la mansión, que conectaban supuestamente con lo que hoy es el Instituto Normal para Varones de Occidente (INVO), para escapar del linchamiento. “A pesar de haber sido un reconocido enemigo de Fleischmann, éste protegió a Aguilar dándole asilo en la mansión… ¡a pesar de que un consulado ni siquiera tiene extraterritorialidad!”, describe Gutiérrez. Sin embargo, el refugio de Aguilar duró poco. Cuando el coronel y su hijo eran trasladados a la prisión, fueron víctimas de una turba que los linchó.

En 1957, Fleischmann murió. No se sabe si Cristiani había fallecido ya, pero lo cierto es que tras la muerte del cafetalero alemán, Villa Lesbia cayó presa del olvido y el abandono. Así, poco a poco, pasó de ser conocida como Villa Lesbia y “La Casa de los Espantos”.



Nace un restaurante

sus años de abandono le ganaron ese adjetivo por los pobladores. “Le decían la Casa de los Espantos, porque era una mansión casi que abandonada. Imagínese, el jardín descuidado, la pintura gastada, la penumbra… eso elevó su mito entre los quetzaltecos, que comenzaron a fabricar relatos de terror en torno a ella”, explica Castellanos.

Finalmente, los descendientes de Fleischmann y Cristiani vendieron la propiedad al Obispado de Quetzaltenango. Según Gutiérrez, el obispo de aquella época, Monseñor Luis Manresa y Formosa compró el lugar para transformarlo en un seminario. “Hubo que eliminar las pinturas de desnudos que había por toda la mansión, como querubines, bacos, venus y cupidos”, detalla el historiador.

La etapa del seminario fue larga. Al menos hasta bien entrados los 2000, cuando la mansión fue ofrecida a un chef. “En 2009, Tertulianos era un restaurante pequeño para 35 personas. Un jueves, que el restaurante estaba lleno, entraron un grupo de sacerdotes a querer almorzar. El chef, Pablo Alvarado, les explicó que no tenía espacio…y entonces ellos lo citaron al día siguiente para presentarle un proyecto”, cuenta Castellanos. Así, Alvarado visitó Villa Lesbia, transformada ahora en seminario, y que quedaba a 300 metros del restaurante original, en la 14 avenida, 5-26 de la ciudad. “Le presentaron Villa Lesbia y le dijeron que si quería, la construcción podía ser suya para expandir el restaurante. Hubo que hacer un sin fin de remodelaciones, con un capital de apenas Q40 mil quetzales, pero se logró y ahora, 17 años después, el restaurante es un emblema nacional”, subraya Castellanos.



Desde 2009 hasta la fecha, Tertulianos ha sido un restaurante que se especializa en la cocina de autor y que ofrece un platillo no tradicional de Quetzaltenango, pero que se ha sabido ganar un lugar en la ciudad de la luna: el fondue. “¿Por qué Fondue? Porque, sencillamente, no había un lugar para degustarlo y el chef pensó que sería una buena oportunidad hacer un fondue de calidad, con ingredientes frescos y locales”, explica Castellanos. Y la apuesta de Alvarado ha sido todo un éxito. Las mesas de la mansión se mantienen llenas, las reservaciones no faltan y dentro del restaurante se han celebrado bodas, pedidas de mano, celebraciones de quinceañeras, sesiones de fotografías, ceremonias y fiestas.




Hoy, dónde se cocina fondue con los ingredientes más frescos y abunda el sonido de conversaciones de comensales, hace algunas décadas olía a incienso y se escuchaban oraciones católicas y, hace un siglo exacto, se clasificaban granos de café al son de la dictadura de Estrada Cabrera. La mansión es la misma, pero los tiempos, claramente, distintos.