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“Aquí se puso la primera roca del cristianismo en Guatemala”. Tras las pistas de la Ermita Concepción


Salcajá, Quetzaltenango | Texto: Juan Diego Godoy / Audiovisuales: José Alvizures y Pavel Tuc / Montaje: Irasema Méndez



No exagera cuando el profesor Jorge Herrera asegura que está frente a la cuna del cristianismo en Centroamérica. Aquella pequeña construcción blanca, ligeramente torcida y con una fachada pintoresca es uno de los tesoros mejor conservados del cristianismo en América. Es la Ermita de la Concepción, la primera iglesia católica edificada en Guatemala y en el Istmo centroamericano.

Fundada en 1524 durante la invasión española, la ermita ha sido testigo del nacimiento de la Federación Centroamericana, de su caída, del surgimiento del Estado de Los Altos, de su conquista y, finalmente, de la creación de la República de Guatemala. Por ella han pasado conquistadores, soldados, mayas, fieles, ateos, antropólogos, arquitectos y turistas. Su antigüedad, conservación y huella en la historia llama la atención. Y no es para menos.


“De hecho, su nombre completo es Ermita de la Concepción La Conquistadora”, corrige Herrera, que además de ser educador, es el coordinador del museo que recibe el mismo nombre de la ermita y también guía turístico de la iglesia. “Los españoles traían un tríptico en el cual venía la imagen de la Virgen de Concepción, que usaron como amuleto o escudo para que le ayudara en la conquista de los pueblos. Ese lienzo lo dejaron aquí y por eso esta iglesia está dedicada a la Virgen de Concepción; a una virgen que apoderaron conquistadora. He ahí el nombre de la ermita”, subraya.

Arquitectura y gatos

Y si de conquistas se trata, la ermita tiene sus propias versiones. La razón por la que se encuentra en Salcajá no es ni sagrada ni nada. Es estrictamente geográfica. “La entrada de los españoles liderados por Pedro de Alvarado fue por el litoral pacífico, viniendo de México. Salcajá, que era un asentamiento quiché, se le presentó a los españoles como un lugar ideal para asentarse y luego fue el capitán Juan De León y Cardona quién decidió construir la ermita aquí”, detalla Herrera aunque advierte que aún no hay consenso sobre quién fue el grupo de religiosos que acompañaron a Cardona y que dirigieron la construcción de la ermita. “Unos dicen que fueron los Benedictinos, otros que los Franciscanos. Ambos grupos se pelean la autoría de esta iglesia. No sabemos quiénes fueron los primeros sacerdotes que la fundaron”, reconoce el profesor.


Lo que sí se sabe es que para Pedro de Alvarado, esta ermita no fue una simple iglesia más. “Aquí fue bautizada la primera mestiza, hija de Alvarado”, señala Herrera. Se refiere a Leonor Alvarado Xicontecatl, nacida un 22 de marzo del mismo año en que se erigió la ermita, 1524.

Además, la ermita pertenece a una familia de iglesias bastante peculiares y antiguas que se fundaron en el occidente del país, la zona por la que los españoles invadieron el territorio guatemalteco. “Esta iglesia es hermana de la de Totonicapán, San Cristobal y San Andrés Xecul. Esto porque su frontispicio –fachada– es similar en cuanto a sus significados. La de la ermita tiene dos leones, que curiosamente están esculpidos en forma de gatos para que los mayas comprendieran qué era un león. Los leones representan poder y custodia. También el frontispicio tiene dos campanarios, aunque en esta ermita no hay campanas porque el bronce podría derribar la estructura. Y finalmente hay muchos detalles pertenecientes a la cultura tlaxcalteca que trajeron los esclavos de México”.


La construcción fue con base y estructura influenciada en la época medieval, tiene una cúpula (con forma de copa invertida) de arte Románico. Es de fuerte fortificación con paredes altas y gruesas con pocas ventanas, colocadas estratégicamente para evitar ataques y robo de la imaginería española. Además, el reto para los religiosos era que los indígenas se acercaran a las iglesias, para poder convertirlos al catolicismo. Por esa razón las primeras iglesias se construían primero con una serie de arcos sobre lo que más adelante sería el altar mayor. “Si le ponían paredes a los arcos, los mayas pensaban que los encerrarían allí, por eso razón, el espacio era abierto”, explica el profesor y cita un dato histórico. “Un 7 de mayo de 1524 se celebró la primera misa y las crónicas de la época hablan del rito celebrado bajo una enramada, lo que comprueba que fue bajo estos mismos arcos”.



Dentro de las gruesas paredes de adobe hace frío y hay poca iluminación. La ermita, ubicada en el municipio de Salcajá, Quetzaltenango, conserva el misticismo y la penumbra típica de todo lugar que se presta a llamarse interesante. El ojo divaga con la cantidad de joyas que esconde la diminuta iglesia, pero además del retablo –el más antiguo de Centroamérica– el cielo de madera de la iglesia llama poderosamente la atención. “Es un barco invertido”, asegura Herrera. “Se cree que el techo fue hecho a semejanza de una de las tres carabelas de Cristóbal Colón”. Una leyenda no confirmada por ningún historiador insiste en que los materiales del techo de la ermita no solo son una semblanza, sino que pertenecen a una de las carabelas.



Adobe y fe

Si la perfección está la imperfección, la ermita es prueba de ello, porque está torcida. “¡Esa es su gracia! Nuestra iglesia no tiene simetría y si se da cuenta, está torcida. No es perfecta, pero esa es su belleza, pues no fue creada por arquitectos ni ingenieros, sino por fieles, por puro amor y fe, adobe sobre adobe”, explica, con orgullo, el profesor. Y esa también es una de las razones por las que en el siglo XX, después de haber sobrevivido numerosos terremotos como los de 1917 y 1976, a la ermita le fueron añadidos dos contrafuertes (una especie de columnas gruesas) para asegurar la estructura y protegerla de futuros terremotos y daños naturales. “Aunque, si me pregunta, yo dudo que algo la derrumbe. Es casi tan fuerte como la fe de sus fieles”, aventura Herrera.



La ermita, además, es Patrimonio Cultural de la Nación, por ende no se modifica ni se pinta y tampoco se le hace ninguna transformación que pueda dañar la preservación de su estado original. Dentro de la lista de distinciones de la ermita también resalta la del Instituto Nacional de Antropología e Historia de Guatemala que la nombró Monumento Nacional. Y en 2008, una iniciativa del Banco Industrial reveló que la ermita había sido elegida como una de las siete maravillas de Guatemala. El primer lugar lo obtuvo la Basílica de Esquipulas en Chiquimula.

Pero para Herrera, el galardón más grande de la ermita es su supervivencia en la historia. “Debería ser más conocida de lo que ya es, porque su peso histórico y religioso es invaluable. Recuerde que aquí se puso la primera roca del cristianismo en Guatemala”, subraya el profesor. Acto seguido, se retira al museo. Queda una larga jornada de trabajo y varios turistas qué atender.