cerrar

Ciudad de Quetzaltenango | Texto: Juan Diego Godoy / Audiovisuales: José Alvizures y Pavel Tuc / Montaje: Irasema Méndez



Fue comprada a un músico alcohólico que intercambió una partitura por unos centavos. Los centavos le consiguieron alcohol barato para saciar su vicio. La partitura le consiguió a su comprador la fama y la inmortalidad musical. Aquel extraño canje es ahora denunciado por un grupo de historiadores y activistas quetzaltecos. El resto hace caso omiso a los alegatos y abraza el relato con el que crecieron: Francisco (Paco) José Pérez Muñoz escribió y compuso Luna de Xelajú, el segundo himno de Guatemala y la canción de Quetzaltenango, entre 1936 y 1944 y José Luis Álvarez no tiene vela en este entierro.

El romántico son que descansa en los melódicos acordes de Luna de Xelajú se ha visto perturbado. Cada vez que la escucha entonada por la voz del famosísimo artista Paco Pérez, el historiador Francisco Cajas Ovando, siente frustración y enfado. “Legítimamente, Luna de Xelajú es de José Luis Álvarez, no Paco Pérez, un bandolero del arte”, protesta el historiador.



Cajas Ovando ha emprendido una titánica labor con ayuda de activistas y abogados para llevar su investigación y el caso a los tribunales. “Yo voy a pedir una certificación a la Corte para poder dar a conocer al mundo al verdadero autor de la Luna de Xelajú. Además, ya tengo listo y armado el libro de su biografía de Álvarez”, asegura el historiador. Otros historiadores como Jorge Valverde Peña lo apoyan.

Pero no es primera vez que Cajas Ovando se ve envuelto en una polémica histórica. Se ha dado a conocer por “desmitificar” los relatos urbanos más populares de Quetzaltenango. Por ejemplo, el de la leyenda de Vanushka, una joven gitana rusa que trabajaba en un circo establecido en Quetzaltenango que, según cuenta la leyenda, murió de amor al no poderse casar con un acaudalado extranjero que se enamoró de ella. El historiador sostiene, y hasta ha publicado un libro, que el relato es ficticio y ha presentado pruebas documentales de que la gitana no se llamaba Vanushka, murió a los 40 años de una infección intestinal y que jamás trabajó en un circo. Sus investigaciones sobre la gitana causaron revuelo. Y ahora, lo volverá a hacer con las de la autoría del himno Luna de Xelajú.


Paco, el mito

Pero la teoría de Cajas Ovando tiene pocos simpatizantes. La memoria colectiva le juega la contraria a su nueva versión pues la historia moderna ya ha tomado una postura sobre este tema. La Municipalidad de Quetzaltenango inauguró el “Parque Paco Pérez” ubicado en la intersección de la Diagonal 13 y 15 avenida de la ciudad. En 2016, el Gobierno y todos los medios celebraron por lo alto el centenario del nacimiento de Paco, el “compositor de Luna de Xelajú” y su fotografía ocupa las paredes de la mayoría de los centros culturales, bares y restaurantes de la ciudad. De Álvarez apenas se conoce el nombre y que formó parte del trío “Quetzaltecos”, junto al músico Manolo Rosales y, por supuesto, Paco.


Paco es huehueteco de nacimiento. Nació en Cuilco, Huehuetenango, un 25 de abril de 1917, pero creció en Quetzaltenango. Hijo de catalán y guatemalteca, debutó como cantante en el Teatro Municipal y poco a poco su carrera artística fue despegando, pero no fue hasta 1944 cuando siendo solista dio a conocer la enigmática canción que tuvo una excelente acogida a nivel nacional. Otras de sus composiciones fueron Chichicastenango, Arrepentimiento, Nenita y Patoja linda, también exitosas. Pero himnos, solo uno: Luna de Xelajú.

Que en mi serenata, Te vuelves canción, Tú que me viste cantando, me ves hoy llorando, Mi desilusión.

Calles bañadas de luna, Que fueron la cuna de mi juventud, Vengo a cantarle a mi amada, La luna plateada de mi Xelajú.

Luna de Xelajú Que supiste alumbrar, En mis noches de pena, Por una morena de dulce mirar,

Luna de Xelajú, Me diste inspiración, La canción que hoy te canto, Regada con llanto de mi corazón.

En mi vida no habrá, Más cariño que tú, mi amor, Porque no eres ingrata, Mi luna de plata, Luna de Xelajú,

Luna que me alumbró, En mis noches de amor, Y hoy consuelas mi pena, Por una morena que me abandonó.



La fama del personaje de Paco no hizo más que fortalecerse por su trágica muerte, y es que las tragedias crean figuras míticas. El artista iba en el avión que despegó de Peten con destino a la Ciudad de Guatemala, pero que se estrelló el 27 de octubre de 1951. Murió el cantante y otros 15 artistas y miembros el equipo técnico de la radio TGW. La tragedia se instaló en el calendario nacional y pasó a recordarse como el “Día del Artista Nacional”.


Alcohol, disputa y quince centavos

Regresando al Paco con vida, la historia del asenso está marcada con un antes y un después desde la existencia de Luna de Xelajú. Cronistas, historiadores y otros músicos coinciden en que José Luis Álvarez “algo tuvo que ver” con la canción. Édgar López, gestor cultural y coordinador de Casa No’j, señala que es un secreto a voces que en los pasillos de esa casa, que fue tiempo atrás un convento, la residencia de Estrada Cabrera y hasta el día de hoy, un espacio dedicado a la cultura, Álvarez le mostró la letra de la pieza a Paco. “La herencia del relato oral es difícil de corroborar. Es cierto que dicen que fue aquí, en los pasillos de la Casa No’j en donde Álvarez empeñó la Luna de Xelajú. No lo sé con franqueza. Los testigos de ese suceso, si es que sucedió, ya están muertos”, advierte López, mientras camina por los pasillos del centro cultural en el corazón de la ciudad.

López también recuerda otra versión del relato. “Hay una versión de la historia que cuenta que Álvarez era peluquero y que un día atendió en su barbería a Paco Pérez y ahí le vendió la letra de su canción porque necesitaba dinero”, cuenta el gestor cultural. El cronista Raúl Izás concuerda con esta versión. “Si, Álvarez le vende la letra a Paco Pérez por 15 centavos en una barbería, pero es solo la letra, nada más. Él (Paco) es quien la modifica, le pone la música, la populariza y la hace un himno. Ese es mérito de Paco, no de Álvarez”, recalca Izás.

Además, a la versión del cronista se añade otro secreto a voces: Álvarez era músico, sí, pero sobre todo era un alcohólico en declive que intercambiaba lo que fuera por dinero para comprar alcohol.



Pero Cajas Ovando no está de acuerdo con la totalidad de esa versión. Recuerda que, en efecto, Álvarez era alcohólico, pero sugiere que Paco se aprovechó de su condición para “robar” la canción. “Paco le robó a Álvarez. En nuestra investigación presentamos las pruebas a los tribunales de justicia y remarcamos el encontronazo que tuvo Álvarez con Pérez exigiéndole que le devolviera la partitura que le había empeñado, no vendido, por 15 centavos”, explica el historiador quien reconoce que Álvarez era alcohólico. “Pero Paco no se la quiso dar y entonces Álvarez le lanzó una bofetada y se fue preso hasta que el juez de Paz, Luis Alfonso López, le dio la libertad a Álvarez. Pero ya había tocado fondo. Nunca se recuperó de la vergüenza de haber sido enviado a la cárcel y a partir de ahí todo va en declive. Muere sumido en la miseria, de un coma etílico, olvidado por todos”, cuenta Cajas Ovando, con tristeza.


Al historiador le frustra que se recuerde al músico como un alcohólico. “Álvarez es más que el borracho que murió en desgracia. Él era un músico fantástico. Vea que durante 10 años consecutivos ganó el certamen de la Canción Nacional, en tiempos de Ubico. Además, escribió muchas melodías y canciones, como Canto a Quetzaltenango y Dianita. Era muy talentoso”, argumenta Cajas Ovando.

Álvarez, el fantasma

Pero a diferencia de Paco, no hay ni una sola fotografía de Álvarez. Su nombre se murmura por allí, pero su existencia es casi fantasmal. ¿Existió José Luis Álvarez, el músico y barbero que fue el primer autor de la canción más famosa de Quetzaltenango? La respuesta es un rotundo “quizás”.

Álvarez era, hasta 2018, un secreto a voces. No había pruebas de su existencia más que los relatos urbanos que lo vinculaban siempre con Paco. De acuerdo con la información de un breve reportaje publicado por el periódico local Diario de Los Altos el 28 de julio de ese año y firmado por el periodista quetzalteco Eleázar Adolfo Molina, existen documentos para probar que Álvarez si existió.

El periodista y el fotógrafo René Merlos encontraron el nombre de Álvarez en el Libro de Enterramientos del Cementerio General de Xela. De acuerdo con la información hallada, el músico, la fecha de muerte corresponde al 7 de abril de 1947. La descripción física es de un “joven de 28 años, sexo masculino y ladino”. El número de página es la 161, con número de orden 171. “Lo interesante de dicha anotación es el origen de Álvarez, ya que se escribe como oriundo de Huehuetenango al igual que Paco Pérez”, detalla Molina.

Y hay más. Según los documentos consultados por el periodista, el motivo de la defunción fue “congestión alcohólica” y además, Álvarez fue supuestamente “enterrado en el segundo lugar del gremio de barberos de la ciudad”. En ese lugar del cementerio, sin embargo, lo único que hay es una tumba sin lápida. Si bien hay indicios documentales de que un tal José Luis Álvarez murió de congestión alcohólica en 1947 a la edad de 28 años y que fue enterrado en la zona de “barberos” del Cementerio General, no hay pruebas documentales de que sea el escritor de la famosa canción, más allá del relato urbano. “Álvarez sí existió, pero seguimos tras la pista para determinar si realmente fue él o Paco quien debe ser recordado por la historia como el escritor de Luna de Xelajú”, recalca Molina en el cierre reportaje.


crédito: Diario de Los Altos

“Yo no dudo de que haya existido y que haya sido talentoso. ¡Seguro que sí! Pero no es el autor de la canción tal y como la conocemos al día de hoy”, remata Izas. “La historia real que ya conocemos: Paco le pone música a esa letra, la modifica también y la comercializa hasta convertirla en lo que es hoy: una maestra pieza de arte inmortalizada en el imaginario colectivo del guatemalteco”, recalca el cronista.

Historia o tradición

Para los defensores de la historia tradicional, el ingenio de Paco está presente en toda la pieza. Es vox populi que el artista le dio vida al himno mientras miraba la luna plateada que salía del cerro de El Baúl, sentido por no poder tener al amor de su vida, a la bella Eugenia Cohen Alcahé. “Por eso Luna de Xelajú es tan suya como nuestra”, recalca López. Izas concuerda. “Si de verdad la hubiera creado Álvarez, pues hubiese sido una canción más, sin éxito, guardada en un cajón. Paco le dio vida, música y sobre todo, le dio una historia para contar. Y nosotros los humanos nos adherimos a las historias de amor”.


“Mire, yo soy estoico: narro los datos con base a fechas y relaciones directas, sin apreciaciones propias, porque las posturas personales convierten a la historia en una narración subjetiva contaminada”, aclara Izás. “Pero a cada rato Cajas Ovando presenta objeciones a la historia tal y como la conocemos. Siempre dice que no y saca su propia. Yo ya le he dicho: mire Paco, ¿cuál es la necesidad de llevar la contraria? ¿Usted cree que hace un favor a la historia diciendo eso? No, no lo hace. Solo crea disparidad”, subraya el cronista.

Entonces, ¿de quién es la Luna? “De Paco Pérez”, dicen los tradicionalistas. “De Álvarez”, argumentan los disidentes. “Es de todos los quetzaltecos”, sentencia, con sencillez, un vendedor de artesanías del Centro Histórico de la ciudad de la luna.