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Salvar vidas y dejar las calles libres de maltrato animal. El relato de Mirtha Cano


Por Juan Diego Godoy | Ciudad de Santa Elena de la Cruz, Petén

Bióloga y activista. Mirtha Cano dona su tiempo, recursos y conocimientos para sacar adelante una de las pocas organizaciones que lucha por el bienestar animal de los perros y gatos callejeros del municipio de Flores, Petén. Todos los días lucha contra una problemática que muchos suelen ignorar, incluso a nivel nacional. Pero su organización petenera, a pesar de contar con pocos recursos y voluntarios, sirve como ejemplo para otros conservacionistas del país.


No hay días libres para Mirtha Cano. Cuando no está trabajando como consultora técnica en aspectos de diversidad biológica en la Asociación Balam —una organización no gubernamental que promueve la conservación de los recursos naturales y culturales— se dedica a rescatar animales callejeros en el municipio de Flores, Petén, y a dirigir la organización Narices Frías. Se escribe fácil, pero no lo es.


Bióloga de profesión, Cano es voluntaria de Narices Frías hace diez años. Hace un año, asumió la dirección de una organización que se sostiene a base de pequeñas donaciones y del tiempo de sus voluntarios y que no cuenta con una locación física, pero que hasta la fecha ha logrado rescatar, dar servicios veterinarios y colocar en hogares seguros a más de 600 perros y gatos en peligro. “Hace diez años rescatamos una perrita en condiciones terribles y aprovechamos las redes sociales para publicar su foto y nos dimos cuenta de que habíamos varias personas muy afines a esta causa —la de rescatar animales— y platicando consideramos necesario crear una red que pudiera velar por ellos y hacer un esfuerzo para rescatar animales y educar a la gente para ser más sensible con estos temas”, explica Cano con una sonrisa mientras se acomoda sus gafas.


El Tigre, perro callejero en el mercado de Santa Elena, Flores, Petén

“Ella es una científica de 44 años que sale a las calles, y ahora a las redes sociales, a reclutar voluntarios, a planificar jornadas veterinarias y, lo más difícil de todo, a tratar de educar a los peteneros sobre el maltrato y cuidado animal. Narices Frías se dedica, específicamente, a la educación de los dueños de mascotas, al rescate, desparasitación y refugio en hogares temporales, pues no cuentan ni con un albergue ni refugio. “Dependemos de los que llamamos hogares temporales, que son las casas de algunos voluntarios que cuidan a los animales mientras consiguen dar a la mascota en adopción”, explica Cano.

Catherine González es una de esas voluntarias. Su casa sirvió como albergue por accidente. “Recuerdo mi primera perrita rescatada. La encontré frente a mi casa, debajo de un carro cuidando a sus cachorros recién nacidos. Nadie preguntó por ella así que la llevé a mi casa y le busqué un hogar a sus cachorros. Luego de eso mi mamá me introdujo a Narices Frías y comenzamos a ser un hogar temporal para mascotas, hasta la fecha”, explica a voluntaria, que también se dedica a la administración de las redes sociales y la colocación de animales en los hogares de las personas que deciden adoptar. González explica que lo más común es recibir mensajes en redes sociales de gente que les informa sobre animales abandonados para que los recojan. Además, suelen pedirles muchos consejos sobre cuidado de mascotas. Aunque lo más complejo para la voluntaria es dar a los animales en adopción, pues no todos los candidatos son buenos. “Me dejo guiar por lo que siento cuando hablo con las personas y va dependiendo cómo me responden las preguntas que yo les hago para saber si son aptos o no. Por ejemplo, no damos animales a quienes buscan perros guardianes, porque estarán en patios, amarrados, solos y no queremos eso o tampoco se los damos a personas que quieren tener una mascota solo porque sí. Necesitan cariño y mucho cuidado, son un compromiso serio”, añade la voluntaria.


El viejo Canelo - Melchor de Mencos, Petén

Más allá de los callejeros

El hecho de que haya perros y gatos merodeando por las calles del municipio, no debe tomarse a la ligera. Es un gran problema. Para Narices Frías, esta cuestión es como una bola de nieve: va creciendo y abarcando más y más áreas. “Por ejemplo, los animales callejeros por supervivencia buscan su comida en la basura. Esto genera focos de contaminación pues el animal se llena de parásitos y los distribuye a otros animales y también a los humanos”, subraya Cano. Para atender esta problemática, la organización celebra jornadas de vacunación, desparasitación y castración.

Hasta la fecha han realizado doce jornadas, en las que tratan alrededor de 55 animales en cada una. “Con estas jornadas estamos logrando los objetivos de reducir la población de animales callejeros de manera responsable. La castración es para evitar que los perros tengan muchos cachorros en varias camadas, pues es imposible colocar a todos los cachorros en un lugar digno y esa es una de las principales fuentes para la existencia de animales callejeros”, explica Cano. Narices Frías opera en el área central del municipio, aunque actualmente están formando otros grupos de rescate y apoyo en otras localidades, el primero de ellos comenzará a funcionar en el departamento de La Libertad. “Porque el problema de los animales callejeros no es solo en Flores ni en Petén. Es nacional”, insiste la bióloga.


Perrita callejera - Mercado de Santa Elena, Flores, Petén

Y lleva razón. Otras entidades, como la organización no gubernamental ARCAS, con sede en Guatemala y en Petén, informa en su página web que desde su fundación en 1989 no solo es uno de los centros de rescate animal más grandes y más complejos del país, si no que recibe entre 300 y 600 animales de más de 40 especies por año. Entre ellos, claro está, perros y gatos, el enfoque principal de Narices Frías.

Pero el tema sanitario es solo uno de los problemas derivados de los animales callejeros. Otro de ellos también es el maltrato. “Nos hemos dado cuenta de que la mayoría de animales callejeros que rescatamos en algún momento tuvieron un dueño, pero que fueron abandonados. Vemos una sobrepoblación de perros y gatos porque no hay educación en este tema y falta compromiso para cuidarlos”, explica la bióloga.

La Unidad de Bienestar Animal del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) fue creada, en parte, por esta problemática. Incluso en 2017, el Congreso aprobó el decreto 05-2017, Ley de Protección y Bienestar Animal. Una ley que a pesar de su puesta en práctica —establece multas de hasta 12 salarios mínimos contra el agresor—, se ha topado con una realidad difícil. De acuerdo con la Unidad, reciben más de 10 denuncias al mes por maltrato animal. Y los perros son los más afectados. El 80 por ciento de las denuncias corresponde a actos contra caninos.



Perro durmiendo en Caserío Nacimiento El Cangrejal, San Luis, Petén

Pero el apoyo estatal tampoco es tan notable en los municipios. Al menos, no en Flores ni para Narices Frías. “La municipalidad nos ha apoyado con prestarnos espacios para llevar a cabo las jornadas de castración. Sin embargo, no trabajamos de la mano para reducir la población de perros y gatos callejeros. No hemos llegado a eso. Es muy difícil. Vemos que las capacidades institucionales todavía no están fortalecidas en este tema”, aclara Cano.

¿Cómo sobreviven? La directora de la asociación sonríe. Quizás por milagro, bromea. “Aquí nadie gana un centavo, de hecho hasta gastamos para contribuir con las necesidades de la Asociación. Pero hay gente que nos provee concentrado y comida, hogares temporales, ayuda económica y donaciones. Así hemos logrado rescatar, dar en adopción y tratar médicamente —con procesos de vacunación, desparasitación y castración— a muchos perros y gatos”, explica Cano y luego González da una buena noticia: todos los animales que tenían en hogares temporales han sido adoptados. Es buen día para celebrar…y para reclutar nuevos huéspedes.