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¿ES LA POLÍTICA MONETARIA LA CAUSA DE ESTA INFLACIÓN?

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En gráfico 4, podemos ver por qué algunos están muy preocupados por la inflación. La oferta monetaria (M1), en este caso desglosada en billetes y depósitos, tuvo un incremento sin precedentes. A más oferta monetaria, dirían ellos, existen más unidades de dinero persiguiendo una igual cantidad de bienes. Por lo tanto, según la misma lógica, el precio de cada bien debe subir.



Existen varias confusiones aquí. Un depósito a la vista no «circula»; es un saldo. Es el viejo error de confundir variables flujo y variables stock. La oferta monetaria M1 muestra un stock, mientras que la inflación se genera por un flujo. Es decir, si el stock no se gasta, no habrá mayor demanda monetaria para determinados bienes.


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Esto se intenta reflejar en lo que los economistas han denominado la «velocidad de circulación del dinero». Sin embargo, es difícil concebir un concepto más inútil, ya que esta «velocidad» jamás se podrá medir u observar en el mundo real. Los economistas calculan la velocidad del dinero dividiendo el producto interno bruto nominal entre la oferta monetaria. Es decir, la velocidad del dinero es un derivado de, no una causa de.

Otra confusión es la supuesta omnipotencia del banco central sobre asuntos monetarios. El banco central solo puede controlar la base mone- taria, no la oferta monetaria más amplia. Según algunos, a mayor base monetaria, los bancos tendrán más reservas, y teniendo más reservas, pueden hacer más préstamos (y así aumentar la oferta monetaria amplia en forma de nuevos depósitos cuando los bancos prestan).

Pero los bancos no requieren reservas (no importa cuantas veces nos quiera convencer Milton Friedman o sus seguidores). Los bancos requie- ren depósitos, patrimonio, liquidez, potenciales prestatarios solventes, y —hoy día— controlados cada vez más por regulaciones bancarias. Lo que es cierto es que el banco central puede forzar un incremento de reservas de los bancos, por el aumento de la base monetaria[1]. Antes, los bancos odiaban tener reservas, porque estas generalmente no paga- ban intereses. Sin embargo, hoy por hoy, los bancos centrales ya pagan intereses sobre reservas a los bancos, así que existen pocas protestas ante políticas monetarias “no convencionales” (lenguaje tecnócrata para políticas monetarias descabelladas). Como los bancos no necesitan reservas, todo el modelo del mágico «multiplicador bancario» puede ir directo a la basura.


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