Background Image
 Image
 Image
publicidad

El crimen y castigo del abuso de la deuda pública

Por Daniel Fernández

La recesión de 2020 ha sido económicamente devastadora para la economía mundial. La economía mundial no sufría una recesión de una profundidad similar desde hace 90 años, con motivo de la Gran Depresión. Sin embargo, parece que los efectos sociales de la última recesión que ha sufrido el mundo no se han puesto, todavía, de relieve. La razón de tal disparidad entre los fríos datos macroeconómicos y el “sentir popular” se puede encontrar en el enorme gasto público que fue impulsado de forma enérgica por la práctica totalidad de países en el mundo

En un artículo anterior exploramos la enorme extensión de deuda pública creada en el mundo con motivo del Gran Cierre de 2020 En este artículo vamos a argumentar que los incrementos desorbitados de deuda pública, como los ocurridos en 2020, no son gratuitos. El propósito de este artículo será, entonces, examinar los potenciales efectos económicos de acumular enormes cantidades de deuda pública.

Conclusiones

La economía es una disciplina plagada de no linealidades que oscurecen, en muchas ocasiones, las relaciones causa-efecto. Los efectos económicos del incremento de deuda pública es uno de los aspectos donde la falta de relaciones lineales se pone de manifiesto con más ímpetu. El sustancial incremento de deuda pública durante años y su aparente falta de efecto sobre otras variables macroeconómicas hace caer en una complacencia casi absoluta a toda una profesión (economistas) y a los políticos que se dejan asesorar por ellos. Una no-linealidad en economía implica que las relaciones causa-efecto pueden permanecer durante mucho tiempo aletargadas para desatarse con una impetuosidad inusitada más adelante.

Me gustaría acabar el presente artículo con una nota pesimista, y otra optimista, con relación a la acumulación de deuda pública. La nota pesimista (los malos tragos, cuanto antes, mejor) es que los efectos económicos nefastos apuntados en el presente artículo se pondrán de manifiesto en algún momento futuro muy difícilmente determinable; no podemos escapar de los postulados de la economía más de lo que podemos escapar de los postulados de la física. La nota positiva (siempre perfecta para las despedidas) es que las no-linealidades nos dan tiempo para corregir una situación de desequilibrio y para paliar sus consecuencias negativas. Por tanto, si está leyendo este artículo a tiempo, exija a su gobierno disciplina fiscal (o castíguelo si no la cumple), no vote por candidatos que propugnan políticas fiscalmente irresponsables, y protéjase de la inflación evitando mantener altas sumas de dinero o activos muy líquidos[8].

  • Adicionalmente, las dinámicas sociales tienden a mostrar cierto retraso con las económicas por diversos motivos (colchón financiero, existencia de redes familiares, ayudas del Estado,…)
  • La mayor parte de economistas están convencidos de que la inversión pública es un tipo de inversión que genera beneficios económicos y en el cuerpo del texto hemos decidido no oponernos a esta visión. Sin embargo, el autor de estas líneas no puede estar más en desacuerdo con dicha afirmación. La inversión, para ser catalogada como tal, debe tener un principio económico. En concreto, una inversión exige que, en todo momento los flujos entrantes descontados esperados sean superiores a los flujos salientes descontados esperados. Para que esto tenga lugar, es imprescindible contar con precios de mercado. En este sentido, la mayor parte de proyectos públicos estiman precios sombra que nada tienen que ver con precios de mercado y que suelen ser estimados con supuestos irreales para hacer parecer que una inversión es viable. Una “inversión” pública cuyos criterios sean políticos y no económicos, es, simplemente, un gasto, no una inversión.

  • La gran diferencia entre una quiebra del sector público y de un agente privado es que el segundo puede ser sometido a un proceso de venta de sus bienes para pagar sus deudas. El Estado, por su parte, puede ser sometido a un proceso similar por parte de otros Estados, pero, por desgracia, no por parte de sus ciudadanos (por tanto, la garantía de pago, a este respecto, es menor en el caso de que el deudor sea un Estado).

  • Algunas veces estas recomendaciones terminan tomando la forma de normas fiscales de (supuesto) obligado cumplimiento para la autoridad fiscal.

  • Tal y como aparece en la fuente del gráfico, el análisis original es de Reinhart y Rogoff (2009).

  • Se sobreentiende que los límites aquí apuntados son medias de los episodios históricos de impago de deuda soberana.

  • En general, y más allá de la relación entre impago e inflación, en el siglo XX la inflación es mucho más alta que en el siglo XIX. Siendo el objetivo de los bancos centrales principalmente el de mantener estables los precios, no hay mucha duda de que estos datos son una prueba de la incapacidad de dichos organismos para conseguir dicho objetivo.

  • Las formas de protegerse contra la irresponsabilidad fiscal de gobiernos son muchas más y lo aquí apuntado es una lista no exhaustiva de esas posibilidades.


2

Daniel Fernández

Es el fundador de UFM Market Trends y profesor de economía en la Universidad Francisco Marroquín. Tiene un doctorado en economía aplicada en la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid y también era un fellow en el Mises Institute. Tiene un máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos y un máster en Economía Aplicada por la Universidad de Alcalá en Madrid.

publicidad
OFICINAS: 1ª. Avenida, La Brigada, 13-30 Colonia San Ignacio, zona 7 de Mixco, Parque Industrial de San Ignacio (Mixco). Bodegas No. 1-118 y 1-118A (Bodegas elPeriódico)
TELÉFONO: 2427-2300, EXTENCIONES: 2332 y 2333. SUSCRIPCIONES: 2427-2323.